DOCUMENTO FINAL
PROFESORES PARTICIPANTES del SEMINARIO:
Marta Beatriz Arena
María Elena Blanco
Marta Leonor Crespo
Mariela De Lauro
María Teresa Giraldez
Adriana Larregui
Alicia Mariño
Gladys Liliana Oliva
Mabel Pantolini
María Viviana Pérez
Marta Alicia Tenutto
Silvina Alejandra Volpe
Mónica Zanotti
COORDINADORAS:
ÍNDICE
Presentación.............. ...................................................................................................3
Introducción................. .....................................................................................................4
Normalismo................ ......................................................................................................5
El normalismo en la Provincia de Buenos Aires.......... ...............................................8
Terciarización.............. ..................................................................................................14
Formación docente en la actualidad.......... ................................................................16
Ética, poder y evaluación............ .................................................................................20
Bibliografía.............. .......................................................................................................24
CAPÍTULO 2
La evaluación y sus paradigmas
Introducción............ ....................................................................................................... 26
Distintas posturas sobre evaluación........ .................................................................. 26
Relaciones entre las perspectivas curriculares y evaluación...... ............................ 28
Perspectiva técnica (también denominada tecnicista, tecnocrática)
o evaluación para el control) .............................................................................. 28
Perspectiva hermenéutica (también denominada práctica)
o evaluación para la comprensión......... ................................................................... 31
Perspectiva crítica (también denominada emancipadora)
o evaluación para la acción.......... .............................................................................. 32
¿Por qué hablar de dispositivos de evaluación y no de instrumentos?.... ............32
Bibliografía............ .........................................................................................................39
¿Es la compensación parte del proceso de evaluación?
Introducción.................................................................................................................... 40
Las prácticas docentes y sus supuestos................................................................... 41
Experiencias y vivencias de los alumnos sobre la compensación......................... 44
Algunas reflexiones en torno a la evaluación - compensación................................ 45
Sugerencias y propuestas........................................................................................... 47
Algunas actividades de propuestas de evaluación que facilitan la reflexión......... 49
Bibliografía.................................................................................................................... 54
Introducción.................................................................................................................... 56
Consensos y criterios de evaluación.......................................................................... 58
La importancia de la construcción compartida de consensos................................ 60
El valor de los criterios en las prácticas evaluativas................................................. 60
La cultura organizacional y los acuerdos sobre evaluación..................................... 61
La normativa como marco de los consensos............................................................ 66
Bibliografía..................................................................................................................... 68
ANEXO ....................................................................................................................... 112
Este texto fue realizado a partir de las producciones elaboradas en el Seminario: “Evaluación y Promoción en la Formación Docente” desarrollado entre octubre de 2002 y febrero de 2003. Formó parte de la serie de seminarios convocados por la entonces Directora de Educación Superior, Profesora Graciela Gil, quien fue, además, su principal impulsora.
El equipo de redacción se conformó con los quince profesores que asistieron al seminario y las tres coordinadoras del mismo. todos provenientes de Institutos de Formación Docente de diferentes regiones de la provincia de Buenos Aires. Es importante señalar que todos ellos trabajan en distintas carreras de formación docente para los diferentes niveles de educación del sistema educativo: Inicial, EGB. Especial, Adultos y Polimodal.
El grupo resultó así heterogéneo en sus historias, sus recorridos académicos, sus prácticas, pero, homogéneo respecto del propósito que los convocaba: trabajar y reflexionar acerca de la evaluación en la formación docente. Más aún, cada uno de los convocados al seminario contaba en su haber con múltiples antecedentes académicos y profesionales sobre el tema, lo que tornó homogéneo al grupo en este sentido.
El propósito, desde el inicio, fue problematizar la evaluación, la promoción y la acreditación en la formación docente, para generar una producción que no se transformase en un trabajo más de los que habitualmente circulan en las instituciones formadoras o que su contenido fuera tan inespecífico como el que abordan los textos con los que habitualmente nos manejamos los docentes, independientemente del nivel de enseñanza.
La dinámica del seminario alternó momentos de trabajo presenciales y virtuales. Se partió de las historias personales de los integrantes del grupo y su relación con la evaluación, para luego construir una línea temporal con los hitos de la evaluación experimentados y vividos. Si bien los participantes pertenecían a distintos grupos etarios, se logró realizar una línea histórica grupal que mostraba los rasgos distintivos de la evaluación en un tiempo determinado. Esta actividad motivó el interés por historizar la evaluación en la formación docente en la provincia de Buenos Aires, temática que no se encuentra escrita como producción específica, por lo que se la consideró como tema relevante para ser investigado.
A partir de los intereses de los participantes, se organizaron subgrupos que seleccionaron los aspectos de la evaluación a problematizar así como la metodología que utilizarían. Se explicitaron luego los supuestos y la finalidad que encerraba el trabajar sobre cada uno de los aspectos o temáticas elegidas. Estos estaban vinculados con las expectativas personales y de cada grupo sobre el tema, con sus preocupaciones, con sus concepciones, con la práctica cotidiana.
En cada encuentro presencial se socializaron ideas, conceptos, los diferentes puntos de partida, las ideologías que cada uno traía como bagaje previo. Esto dio lugar a un interesante intercambio de nuevas líneas teóricas y bibliográficas.
Como resultado final del seminario se elaboró el texto que presentamos, organizado por capítulos surgidos de un proceso gradual que implicó muchas veces rever las producciones realizadas para revisarlas, analizarlas, modificarlas, enriquecerlas, reemplazarlas...
El primer capítulo aborda la historia de la evaluación en la formación docente de la provincia de Buenos Aires, tomando tres hitos: la normalización, la terciarización y la formación actual. Las autoras recorren momentos, ideas, supuestos que caracterizan a la evaluación de los aprendizajes de los alumnos en la formación docente en cada uno de estos hitos históricos. Lo hacen de un modo dinámico y ameno, intercalando: relatos, testimonios logrados en entrevistas, fuentes bibliográficas de distintas épocas, discursos de ministros de educación, documentos, etc. Logran así organizar un material que se encontraba disperso y que, por su importancia fundamenta hipótesis, problematiza y adquiere gran actualidad. La pregunta que subyace en todo el capítulo es: ¿Qué, de la historia de la evaluación, es aún actual permaneciendo a pesar de los años?
En el capítulo dos se explicitan las diferentes concepciones sobre la evaluación y acreditación y sus resultados. La exposición de los diferentes paradigmas la realizan intercalando el marco teórico con propuestas concretas de evaluación, extraídas de bibliografía sobre el tema y proporcionadas por docentes formadores de Institutos. Aportan un rico abordaje analizando las concepciones que subyacen en las prácticas evaluativas, a la vez que muestran tradicionales y también novedosos dispositivos de evaluación, que invitan a la reflexión, a la profundización de conceptos y a la transformación de las prácticas evaluativas.
El tercero de los capítulos se interroga sobre la compensación, práctica que ha generado diversidad de propuestas. Las autoras presentan un interesante enfoque, a partir de la palabra de los actores, alumnos y profesores e interpretando las concepciones que fundamentan los testimonios. Estos fueron tomados en Institutos de la provincia, de manera que son voces que penetran el texto y aportan las representaciones y supuestos que circulan sobre el tema. Cierran el capítulo presentando algunas actividades que pueden facilitar la tarea de evaluar y de compensar, aportadas por diversos profesores de Institutos.
En el último capítulo y, a modo de cierre, se focaliza a la institución como el escenario en el cual se realizan las prácticas evaluativas y como el marco que puede facilitar u obstaculizar la realización de acuerdos acerca de estas prácticas. Se encontrarán en este capítulo aportes que permitan comprender las dinámicas institucionales, la importancia de arribar a acuerdos y un interesante enfoque acerca de la cultura profesional docente. Todas estas temáticas se abordan en vistas a la elaboración del Plan Institucional de Evaluación, por lo cual también se incluye un análisis de cómo opera la normativa en las instituciones, ya que esta enmarca los acuerdos.
Se agregó al final del texto un anexo escrito, durante el período 2000 – 2001, por un grupo de docentes integrantes del equipo técnico de la Dirección de Educación Superior, ya que trata el tema de la evaluación en el Espacio de la Práctica Docente. Dada la importancia que reviste para todos los profesores de práctica, el grupo de participantes del seminario decidió incorporarlo como un aporte específico a este Espacio.
Como se ha dicho al iniciar esta presentación, el grupo se fijó como propósito que este trabajo sirviera a los profesores de los Institutos Superiores como material disparador de nuevos aprendizajes, aportara acerca de las líneas teóricas que actualmente debaten el tema y propiciara un movimiento superador de las prácticas tradicionales de la evaluación de los aprendizajes. Se consideró en todo momento la importancia que el tema tiene en la formación docente, ya que, a partir de sus prácticas, los docentes de todos los espacios enseñan a evaluar.
Dos días después del último encuentro del seminario, falleció nuestra directora Profesora Graciela Gil queremos entonces dedicarle este trabajo, porque sabemos de su desvelo y preocupación por el mejoramiento de la calidad de la formación docente en los Institutos Superiores de la Provincia de Buenos Aires y del esfuerzo permanente que realizó durante su corta pero fructífera gestión, por jerarquizar la formación de los profesores formadores. Para ella entonces, este trabajo y nuestro compromiso en el logro de una formación docente de calidad y el fortalecimiento de los Institutos de Formación Docente de la provincia.
Irene Nielsen
HISTORIZACIÓN DE LA FORMACIÓN DOCENTE
EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
María Teresa Giraldez
Alicia Mariño
Marta Alicia Tenutto
Mónica Zanotti
La escuela, institución que vemos como eterna e inmutable, recién comienza a esbozarse con las características actuales a partir de los siglos XV y XVI, llegando a consolidarse en el siglo XIX, momento en que surge la formación docente. En ella, a menudo, nos encontramos repitiendo acciones, supuestos, frases enmarcadas en la lógica de “esto se hace de este modo porque siempre se hizo así”.
“Las prácticas han ido perdiendo el sentido que las originó, reproduciéndose al modo de un mecanismo, un automatismo que se perpetúa sin interrogación. ¿Quién de nosotros no escuchó alguna vez frases de moda que se repiten sin que tengan demasiado sentido para el que las dice, ni para el que las escucha?[1]”
Para poder salir de este círculo marcado por la repetición consideramos necesario tener en cuenta que cuando abordamos una problemática, lo hacemos desde algún lugar que es necesario visibilizar. Aunque mostrar desde dónde decimos lo que decimos no es suficiente para avanzar en pos de un cambio, debemos por lo menos intentar dar un paso hacia el cuestionamiento de aquello que, por ser parte de nuestro paisaje, no llegamos a ver: supuestos, hábitos y creencias, y ciertas “familiaridades admitidas”. [2]
Y si consideramos que el conocimiento es una construcción social e individual resulta necesario dar cuenta, aunque sea a modo de jirones de ideas, del cómo se fue construyendo este saber y estas prácticas relativas a la evaluación.
En este marco es que comenzaremos indicando ciertos hitos que consideramos relevantes, por considerar que nos ayudarán en el análisis de las actuales prácticas evaluativas y nos permitirán conocer cuánto ha quedado todavía presente de ellas en los Institutos.
Para realizar este análisis partiremos de la historización de la formación docente en nuestro país, vinculándola con las consideraciones relativas a los diversos modos de concebir las prácticas evaluadoras.
Cuando hacemos alusión al término historización expresamos nuestra intención de acercarnos a una propuesta vinculada con un trabajo arqueológico, alejándonos de quienes conciben a la historia como épocas o etapas cuyas características resultan distintivas entre sí.
“ La arqueología no se propone tratar en simultáneo lo que se da en sucesivo; no intenta fijar el tiempo y sustituir su flujo por correlaciones que dibujen una figura inmóvil(...) en lugar de seguir el hilo de un calendario originario, en relación con el cual se estableciese la cronología de los acontecimientos sucesivos o simultáneos, la de procesos cortos o durables, la de fenómenos instantáneos y de las permanencias, se trata de mostrar cómo puede existir la sucesión y a qué niveles diferentes se encuentran sucesiones distintas...”[3]
De ahí que trabajaremos con hitos en los cuales, a diferencia de las periodizaciones y lejos de desaparecer las contradicciones, dan cuenta de la coexistencia de aquello que pretendía ser superado, para -al decir de Foucault- “desalojar esas formas y esas fuerzas oscuras por las que se tiene costumbre de ligar entre sí los discursos de los hombres...[4]”
Por lo expuesto es que decidimos que tras caracterizar cada hito, lo vincularemos con la o las prácticas evaluativas que los atravesaron, en tanto dichas prácticas siempre dan cuenta de una concepción didáctica de la disciplina o área que se está enseñando, es decir, un modelo de enseñanza que no puede separarse del modelo de evaluación. En definitiva, enseñar, aprender y evaluar conforman una trama inseparable.
Trabajaremos con documentos, con testimonios, es decir, con las voces de quienes fueron los actores que experimentaron en sus cuerpos esas prácticas.
A. NORMALISMO
Las escuelas normales fueron creadas –según lo señala Alejandra Birgin– para acreditar una formación específica.
En el siglo XIX aparecen diversos proyectos que pretenden formar escuelas normales, los cuales no siempre prosperaron, como es el caso de la escuela normal de varones a cargo de Marcos Sastre que se fundó después de Caseros y que sólo funcionó unos meses.
A fines de ese siglo la conformación del Estado Argentino fue acompañada por el desarrollo de la escuela como productora de homogeneidad social. Para esto se requería de un conjunto de “maestros patrioteros” que lo llevaran a cabo - como señala Alliaud y de la transformación del magisterio en profesión estatal.
En este marco durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento, el Estado, crea la Escuela Normal para hacerse cargo de la formación sistemática del maestro (ya que es el momento en que paralelamente, surge y se expande el sistema nacional de enseñanza). En adelante el Estado será quien se encargue de crear las instituciones formadoras, dictar planes y programas, establecer pautas de ingreso, exámenes, titulaciones y regulaciones del ejercicio de la profesión. Para la elaboración de programas, métodos y procedimientos de enseñanza, como así también de la disciplina y los textos, tomó en consideración el modelo llevado a cabo en las escuelas de Estados Unidos y de Francia la estructura organizativa diseñada por La Salle, basada en dos cursos:
1- El Curso Normal destinado a brindar una formación pedagógica acorde a las necesidades de la escuela común, al arte de enseñar y a las disposiciones necesarias para ejercer el rol.
2- El Curso de Aplicación que ofrecía instrucción elemental a alumnos de ambos sexos, por lo que era utilizado por los futuros docentes para realizar la observación y práctica de la enseñanza. Éste Departamento se conforma como un sitio donde el alumno aprendía mediante la práctica su función específica, la de “educar”. Puede decirse, en este sentido, que ese aprendizaje se asemejó al de un “oficio” (apropiarse por imitación de un saber hacer) más que de una formación profesional.
En relación con lo expuesto, el Ministro de Instrucción Pública Nicolás Avellaneda, expresa en la Memoria de 1869 que “el maestro no se improvisa; debe ser formado”.[5]
En este contexto la escuela se define como instancia “civilizadora” y el maestro como quien tiene la misión de encauzar sentimientos de amor y de respeto por la patria y las instituciones establecidas (1892) pero también “enderezar y/o encauzar conductas, maneras, hábitos y costumbres...” (1910)
Se apuntaba a “moldear ciudadanos”, a colocar a todos en torno a la norma, y por lo tanto “normalizarlos”, “homogeneizarlos”. Lo que sería en términos de Foucault, la modalidad del disciplinamiento mediante:
“métodos que permitan el control minucioso de las operaciones del cuerpo que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad – utilidad” [6]
De este modo es que en el maestro queda depositado el logro de una “misión moralizadora” tarea semejante a la del sacerdote que debía ser, ante todo, “ejemplo”, “modelo”.
La formación docente desde sus orígenes estuvo ligada al positivismo, a través de las nociones de orden y progreso, de laicización de la enseñanza, y de la organización de un sistema de instrucción pública.
En 1888 el primer Rector de la Escuela Normal de Paraná, José María Torres expresó:
“El normalismo fue un movimiento político, institucional y doctrinario. Consistió en concebir la formación de los futuros maestros de escuela primaria en establecimientos especializados de nivel medio, que se diseminaron a lo largo de todo el país. En las escuelas normales los jóvenes debían aprender fundamentalmente cómo enseñar y profundizar sus conocimientos de ciencias, de acuerdo a la orientación positivista predominante a fines del siglo XIX”.[7]
El espiritualismo pedagógico, corriente ideológica que más tarde se enfrentó al positivismo, reforzó la tradición normalizadora en el sentido de atribuir al docente el papel moralizador y socializador. El eje del normalismo fue entonces, el maestro y las reglas didácticas. El método didáctico ocupó un lugar central, al igual que el plan de clase y los momentos de la clase.
De este modo es que desde su origen, la Escuela Normal se incorpora como modalidad del nivel medio, siendo parte fundamental del proceso de conformación del Sistema Educativo Argentino
En tanto, ¿quiénes eran los profesores del nivel medio?. Eran los egresados universitarios, ya que a este nivel se lo consideraba preparatorio para la Universidad. Eran los “doctores”, la “élite gobernante”, la oligarquía.
Pinkasz expresa que: ”habría que referirse a dos circuitos dominantes uno correspondiente al Bachillerato - Universidad y otro correspondiente al Normal –escuela primaria”. [8]
En los dos circuitos mencionados había quienes tenían una preparación específica para el ejercicio docente, es decir los profesores que trabajaban en el circuito Normal - primaria y quienes no la tenían: los profesores enrolados en el circuito Bachillerato – Universidad. Estos últimos poseían en cambio, la “preparación” apropiada desde el punto de vista social: el título y el prestigio universitario.
En 1902 se crea en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata el Profesorado en Enseñanza Secundaria, Normal y Especial, con la intención de formar profesores para dar clases en las escuelas secundarias. Dos años más tarde, en 1904, Joaquín V. González, concreta la creación del “Seminario Pedagógico “, como instancia específica para la Formación de Profesores de Enseñanza Secundaria, Normal y Especial, y en 1907, otra opción se inicia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
El Seminario Pedagógico era un espacio de formación pedagógica para los graduados universitarios que deseaban ejercer la docencia en el nivel medio. Con posterioridad se aceptará el ingreso de bachilleres e irán desapareciendo los universitarios.
El Seminario se transforma en el Instituto Nacional del Profesorado Secundario, del cual egresará como “Profesor Diplomado“, un sujeto social diferente a los profesores anteriores. Ambos grupos tendrán orígenes sociales distintos y entrarán en conflicto por la hegemonía del campo.
En realidad la ”profesionalidad“ se constituye como consecuencia del proceso de expansión de la escuela media, y este proceso permitirá el ingreso de nuevos sectores sociales a la docencia secundaria.
Birgin, Braslavsky y Duschatzky dicen que:
”Las instituciones de formación docente para el nivel medio fueron creadas por los últimos coletazos del positivismo. A diferencia de las Escuelas Normales para el nivel primario, su formación da menor espacio a lo metodológico, tendiendo a formar más especialistas en contenidos. El “curriculum“ se estructura como un conglomerado de saberes previamente construidos y acabados, de carácter universalista y enciclopedista...” [9]
La crisis de los años 30 cuestiona y socava los cimientos del positivismo. Desde las nuevas posturas, la educación pertenece al orden de lo espiritual y es objeto plausible de conocimiento filosófico. Su objetivo es conducir hacia los valores, facilitar la aprehensión e interiorización del mundo cultural y espiritual que rodea al educando. Este proceso de desarrollo espiritual es lo que permite que el “individuo” se convierta en “persona”[10], corriente que se instaló más en el discurso pedagógico que en la práctica.
Si bien la intención del Estado Nacional fue crear y extender a todo su territorio las Escuelas Normales, a principio del siglo XX aún no había logrado su objetivo como puede verse en un extracto del discurso pronunciado el 28 de agosto de 1916 por el Dr. A. Condomi Alcorta en el acto homenaje realizado al Teniente Coronel Antonio Tassi, por las Escuelas Normales Populares, dice:
“Hasta el año 1905 la Nación solo había creado cinco Escuelas Normales en el territorio de la provincia…Así surgió el régimen de los exámenes libres, cuyos inconvenientes consistían en la falta de preparación previa de los aspirantes, en la forma precaria o poco seria en que realizaban sus estudios, y en la perniciosa influencia de la mala política o del favoritismo que perturbó el régimen del examen”.
En 1909 existían en la Provincia de Buenos Aires 1030 maestros de escuelas particulares, de los cuales 893 no tenían diplomas o título de competencia ( 87%), mientras que el porcentaje de los maestros sin diplomas en las escuelas públicas, ascendía al 30%. En 1913 y por iniciativa del entonces Consejero de Educación de la provincia de Buenos Aires Tassi, se crearon las Escuelas Normales Populares en las ciudades de la provincia en las que no existían escuelas nacionales Seis de ellas perduraron en el tiempo, siendo nacionalizadas más tarde. Se trata de las Escuelas Normales de Bragado (1929), General San Martín (1946), Junín, Luján y N° 3 de La Plata (1947) y Ayacucho (1948).
Éste constituye un dato importante, porque si bien es cierto que las Escuelas Normales Populares eran sostenidas por las comunidades y atravesaron momentos difíciles para su sostenimiento hasta lograr su nacionalización, su creación fue promovida desde el Consejo General de Educación de la Provincia de Buenos Aires. Este origen está expresamente reconocido en el artículo 2° de la Resolución 3613/63 del Ministerio de Educación y Justicia.
Podemos señalar que el sistema de evaluación fue el examen libre: las personas que deseaban dedicarse a la docencia preparaban sus exámenes y se trasladaban durante días a La Plata para rendirlos.
La creación de las Escuelas Normales Populares descentralizó los exámenes que pasaron a rendirse en cada localidad. A esos exámenes se presentaban las alumnas[11] que concurrían a las escuelas, las llamadas normalistas, pero también alumnas en carácter de libres.
Los exámenes duraban quince días y comprendían: Lectura, Caligrafía, Idioma Nacional, Historia, Geografía, Instrucción Cívica, E. Doméstica, Aritmética, Geometría y Dibujo, Ciencias, Labores, Juegos Físicos, Música, Pedagogía y Preparación Práctica.
Los testimonios de los diarios de la época, a los que hemos podido acceder, dan cuenta de la importancia que toda la comunidad le otorgaba a estos exámenes hasta el punto de publicarse en sus páginas los nombres de las personas examinadas y las notas obtenidas en cada materia, como expresan las siguientes citas del Diario El Censor de la ciudad de Bragado:
1.- “Esta vez parece que no tendremos maestros diplomados a fuerza de cuñas y muñequeos más o menos vergonzosos, como sucedía en años anteriores- con raras excepciones. El consejo general ha querido y quiere proporcionar a la provincia de Buenos Aires, educadores cuya preparación encarne una verdadera aspiración, sentida desde hace mucho tiempo, por cuya consecuencia ha impuesto a sus aspirantes el deber in eludible de su especial preparación, aplazando a todos aquellos que no se encuentren en las condiciones exigidas por el plan de estudios”. ( El Censor, 1913)
2.- “El lunes terminaron los exámenes de fin de curso en la Escuela Normal Popular, con un resultado sino del todo, por lo menos, bastante halagüeño para la institución.
De las 34 alumnas de la escuela fueron aprobadas 14, con la particularidad de que las alumnas del 3er grupo íntegro fueron aprobadas y solicitados por consiguiente sus títulos de maestras infantiles a la Dirección General.
La severidad de los programas por una parte, y la excesiva inflexibilidad de los inspectores de la dirección general, ha hecho malograr muchas esperanzas de éxito en alumnas de 1° y 2° grupos….
En cuanto a las alumnas libres el resultado ha sido pésimo, pues de 53 sólo aprobaron 8”. (El Censor, 1913).
3.-“Durante los días jueves y viernes se han efectuado los exámenes de materias eliminatorias en la Escuela Normal Popular, participando en ellos unas 130 examinandas que han rendido examen escrito de Historia Nacional, Pedagogía y Aritmética en primero, segundo y tercer grupos.
El lunes, aquellas aspirantes que salgan bien de las pruebas de referencia continuarán los exámenes que entrarán en su segundo período, más largo pero menos exigente. ( El Censor, 1914).
Estas prácticas evaluativas tenían el propósito de medir cantidad y no calidad de conocimientos disciplinares como puede verse por:
1. La severidad de los programas y los evaluadores.
2. La consideración del examen como un instrumento de evaluación y una práctica de control que permite la selección. (de 34 alumnas normalistas, 14 aprobadas, de 53 libres sólo 8),
3. La jerarquización de determinadas asignaturas (Historia Nacional, Pedagogía y Aritmética) sobre otras.
4. La ponderación dada a los valores estadísticos y la evaluación vinculada al resultado.
5. La vinculación establecida entre asistencia a clase y notas obtenidas.
En años posteriores perdura igual concepción, como puede apreciarse en el siguiente testimonio de 1925:
“Yo ingresé a la escuela en el año 1925…No había exención de exámenes. A fin de año dábamos examen de todas las materias. Los profesores que nos tomaban eran de Chivilcoy y no conocíamos con anterioridad el horario. Según como podían viajar los profesores, nos tomaban el examen.
Los exámenes eran escritos y orales, si no aprobábamos el escrito no podíamos dar el oral y nos llevábamos la materia a marzo. Los profesores de Chivilcoy eran muy exigentes y no sabíamos como conformarlos. Sabíamos los libros de memoria.
Cuarto era el último año. Todo el plantel de alumnos rendía los exámenes.
Apareció un decreto que decía: suspensión de exámenes.
Los alumnos que tenían menos de 7 faltas anuales y 7 de promedio podían eximirse sin rendirlos. Los aranceles eran de $3 por materia y ya los habíamos pagado. Nos eximimos sin dar examen cuatro personas.”
(Testimonio de una maestra recibida en 1928 cuando la Escuela Normal de Bragado estaba incorporada a la de Chivilcoy)
La expresión “sabíamos los libros de memoria”, remite a una evaluación basada en el recuerdo de datos, vinculada a la memoria mecánica y a corto plazo. Se puede observar también que se sostiene un criterio cuantitativo, basado en la conjunción asistencia - promedio para la acreditación.
Es de hacer notar, que la provincia de Buenos Aires no continuó con la expansión de Escuelas Normales y que las Escuelas Normales Populares que perduraron en el tiempo y lograron su nacionalización fueron sólo seis de las treinta y nueve creadas. La formación de docentes correspondió a la órbita nacional, por esta razón los documentos analizados tienen ese origen.
En 1936, considerando que el decreto de 1926 por el que se autorizó como un estímulo la exención del examen de fin de curso, había provocado vicios graves comprometiendo la seriedad de la enseñanza y la disciplina moral e intelectual de los alumnos, se promulga el siguiente decreto.
Art. 1°
a) La clasificación definitiva del alumno será la que resulte del promedio de la clasificación del profesor durante el año y la que obtuviere el alumno en la prueba oral, oral y escrita, o práctica que se rendirá ante una mesa examinadora compuesta por tres miembros. En los establecimientos incorporados dos de estos miembros corresponderán a escuelas oficiales.
b) La clasificación será de 0 cero a 10 diez. Para ser promovido el alumno necesita como promedio entre 4 y 8. El alumno que obtuviere más de 8 ocho en cada una de las materias será eximido del pago de matrícula y demás derechos del curso siguiente.
c) Los alumnos libres rendirán escrito y oral, siendo el escrito eliminatorio.
Art.2°
El 75% del importe de los derechos de exámenes de los alumnos libres e incorporados, será distribuido proporcionalmente entre los profesores oficiales que formen las mesas examinadoras.[12]
Como podemos ver la concepción de evaluación se mantiene aunque a ésta se le suma:
1- La consideración de la calificación para el examen final.
2- La incorporación explícita del tribunal examinador.
3- La elevación del rango de la nota requerida no ya para aprobar sin examen final sino eximirse del pago de matrícula y otros derechos de examen.
En el “Reglamento General para los Establecimientos de Enseñanza Secundaria, Normal y Especial” nos encontramos con otros elementos que han aportado al tema de la evaluación, en la formación docente:
a) Los exámenes de ingreso a primer año: En el art. 152 inciso e) se indica:
“Las pruebas serán corregidas y calificadas después de terminado el examen, con la presencia de los tres miembros del tribunal…no podrán ser retiradas del establecimiento.
Inciso f) La calificación numérica correspondiente a cada prueba será la suma de los puntos asignados a sus distintas partes y éstas se adjudicarán de acuerdo con la escala y las Instrucciones que, a fin de uniformar criterio de las distintas comisiones examinadoras, fijará la Dirección General de Enseñanza al pie de los temas. La calificación definitiva será la suma de las obtenidas en las dos pruebas.
b) La inscripción al 1er año del Ciclo Magisterio (entiéndase 4° año) por estricto promedio obtenido en el Ciclo Básico:
Art. 306 El ingreso al ciclo del magisterio se efectuará por riguroso orden de promedio, a cuyo efecto regirá el promedio general obtenido en el Ciclo Básico Común o en el Primer Ciclo de las Escuelas de Comercio, debiéndose sortear el último puesto si fueren varios los aspirantes a quienes pudiere corresponder.”
c) Requisitos para inscribirse en primer año del Ciclo Magisterio: El Art. 312 en su inciso d) prescribe:
“No adolecer de ninguna de las lesiones ni defectos físicos o enfermedades enumeradas a continuación:
1.- Lesiones orgánicas o traumáticas que afecten la estética en forma pronunciada;
2.- Toda lesión o afección que disminuya la agudeza visual, que corregida con anteojos sea inferior a dos tercios;
3.- La disminución de la agudeza auditiva en ambos oídos a
R 50/100;
4.- El raquitismo, el paludismo pernicioso, diabetes, anemia, obesidad, debilidad constitucional, tuberculosis o lepra;
5.-Desviaciones pronunciadas en la columna vertebral que dificulten la amplitud torácica;
6.- Caries dentaria generalizada, hipertrofia de las amígdalas, vegetaciones adenoides, laringitis crónica y a repetición, disfonía;
7.-Bronquitis crónica, asma, pleuresía;
8.- Lesiones valvulares, por bien compensadas que se encuentren, bocio exoftálmico;
9.- Nefritis crónica;
10.- Tartamudez, cualquier perturbación de la palabra, epilepsia, histeria convulsiva, neurastenia, tics muy pronunciados, perturbaciones mentales, parálisis o atrofias musculares que impidan el libre movimientos de las extremidades;
11.- Enfermedades contagiosas, parasitarias e infecto contagiosas, mientras dure el peligro de contagio.”
Compartiremos un testimonio de una maestra recibida en 1963, que fue formada con este marco normativo:
“Hice mi carrera de Maestra Normal Nacional entre los años 59-63. Algunos profesores explicaban los temas, otros nos decían hay que estudiar desde acá hasta acá del libro único que nos habían indicado (cuando digo único me refiero al mismo autor para todos). Estudiábamos de memoria, ya que la reproducción cuanto más fidedigna era, mejor era valorada. Recuerdo muy bien esto porque mi mamá, que era maestra, me había enseñado durante mi escuela primaria a estudiar comprendiendo, es decir, a expresar lo que estudiaba con otras palabras y no con las mismas del libro de texto, y me costó mucho esfuerzo adecuarme. Lo hice porque me interesaba tener buenas notas.
En general, el sistema de e valuación funcionaba más o menos así: nos “tomaban” la lección del día en forma oral. Pasábamos al frente dos o tres alumnos por día y desarrollábamos todo lo que habíamos estudiado en nuestras casas. Si nos tenían que orientar con preguntas, ya la nota era menor. Te sacabas diez si eras una máquina de hablar y no manifestabas duda. Mientras tanto, los demás alumnos sentados en sus bancos, escuchaban pacientemente. A veces, el aburrimiento era tremendo, dos o tres veces lo mismo, mejor o peor dicho pero lo mismo. No cabe duda, éramos sumamente disciplinados y aceptábamos eso como lo que debía ser sin preguntarnos nada.
Nos tocaba “dar lección” una o dos veces en el trimestre, así que aquel que ya había sido llamado, podía descansar tranquilo un tiempo hasta que empezara la segunda vuelta, ya que en general, no era requerido, salvo por algunos profesores que se “deleitaban” en pescar a alguno sin estudiar y lo llamaban dos veces seguidas.
Salvo en Matemática y en Castellano, materias en las que nos planteaban ejercicios, en las demás, los exámenes escritos consistían también en reproducir la lección del día. Eran sorpresivos, es decir, no se nos avisaba el día con anticipación, aunque había un momento en el trimestre en el que todos los días teníamos alguno nunca sabíamos qué materia podía ser. Nos quedaba la mano dura queriendo volcar en la hoja en cuarenta minutos todo lo que sabíamos. Cuanto más largo, mejor, no se podía reducirse a lo más importante había que abundar en detalles y ejemplos. Al final del trimestre, se promediaban las notas de la lección oral, del examen escrito y la nota de “concepto” que adjudicaba el profesor de acuerdo con el comportamiento, la atención y la dedicación demostradas durante el trimestre.
Como en Actividades Prácticas y Dibujo no se podía usar este sistema, ya que no había material de estudio, la nota pasaba por lo que producías y por los “unos” que se distribuían alegremente por olvidarte la aguja, el dedal o el lápiz Faber N° 2”.
Desde el enfoque que se viene perfilando evaluar era verificar los resultados alcanzados por los alumnos. Esto se hacía como ya queda a la vista, por medio de un sistema de calificaciones que determinaba la posición del alumno, a los efectos de su promoción.
Esta Escuela Normal generó por consiguiente una matriz en los futuros formadores que se fue reproduciendo y se instaló en las aulas, a tal punto que hoy se siguen encontrando sus resabios, sobre todo a la hora de concretar la evaluación como lo veremos en los apartados siguientes.
La reforma de fines de la década del 60 y principios de la década del 70[13] marcó un cambio en la formación de los maestros de grado. Ante las demandas de “modernización” quienes estaban a cargo de las decisiones políticas consideraron que no era suficiente la formación recibida en la Escuela Secundaria. Se estableció que los maestros se formarían en Institutos pertenecientes al nivel terciario no universitario, que se denominaron Institutos de Formación Docente. Es el momento en que estas instituciones se convirtieron en profesorados, la Provincia de Buenos Aires daba a luz en 1968 sus primeras Escuelas Normales Superiores, con un Plan de Estudios Experimental. El mismo tenía una duración de 5 años y se ingresaba luego de cumplimentar el ciclo básico de Educación Media, a partir de cuarto año.
En la Resolución Ministerial Nº 7722 del 20-09-67, se lee:
“...las necesidades actuales de nuestra sociedad hacen imprescindibles maestros éticamente formados, ubicados culturalmente y con una preparación profesional acorde con las exigencias de las tareas que les cabe desempeñar...” [14]
Por tal motivo, las áreas propuestas para lograr la profesionalidad fueron:
-Formación de la personalidad.
-Formación cultural básica.
-Preparación profesional.
En 1971 se transforman en Institutos Superiores de Formación Docente, denominación aún vigente, que también en el caso de la provincia incluye a las Escuelas Normales Nacionales transferidas en la década del 90.
En 1971 las Escuelas Normales Nacionales se convierten en Escuelas Normales Superiores de Profesorado, creándose en ellas los Profesorados para la Enseñanza Primaria de dos años de duración, a los cuales se ingresaba una vez obtenido el título de Nivel Medio.
La contextualización de estas modificaciones dan cuenta que las mismas estuvieron ligadas a dos procesos que no pueden dejar de mencionarse:
“Uno de ellos, de índole teórico e ideológico, estuvo constituido por el resurgimiento y hegemonía a nivel internacional de argumentaciones de sesgo neopositivista con relación a la explicación, planificación y evaluación de los procesos y sistemas educativos institucionalizados”. [15]
“El otro, de corte político, se basó en la articulación, tanto en la esfera nacional como regional, de condiciones institucionales que vehiculizaron y promovieron la implementación de las líneas programáticas recomendadas por los organismos de cooperación internacional y los planes de acción político-económica impulsados por los países del Primer Mundo a partir de la reestructuración del mercado mundial”. [16]
En este marco el profesionalismo tecnocrático, la nueva corriente de pensamiento y acción pedagógica que intenta diferenciarse de la tradición normalista, comienza a penetrar en la formación de los docentes. Este nuevo modelo inmerso en la corriente desarrollista trata de desterrar la concepción apostólica de docente que hasta el momento había sido el pilar clave de dicha formación, implantando el carácter profesional del trabajo docente a través del manejo de técnicas y conocimientos instrumentales que les permitieran desarrollar su tarea educativa de forma eficaz.
El enfoque taylorista, aplicado con “ éxito” en la industria, es tomado como referencia para aplicarlo a la gestión y funcionamiento de los sistemas escolares:
”...se trata de un modelo cuya función básica es tecnificar el proceso educativo sobre premisas de una supuesta racionalidad, economía de esfuerzos y eficiencia en el logro de los productos. En función de este modelo el profesor es visto como un técnico... ” [17]
Temas como planificación, evaluación objetiva del rendimiento, recursos instruccionales, microenseñanza, instrucción programada, enseñanza audiovisual, técnicas grupales y técnicas individuales invadieron las bibliotecas docentes, circunscribiendo la enseñanza a una cuestión de “medios”. Cuando se trataba la cuestión de los “fines” las temáticas predominantes eran modernización y cambio social, educación y desarrollo, formación de recursos humanos.
Desde este posicionamiento se produce una fractura entre la concepción y la implementación del trabajo escolar. Entre quienes producen el saber escolar, quienes conciben el qué enseñar y los docentes a los que se les delegaba sólo la función de transmitir esos conocimientos prescriptos e incuestionables. O sea se le decía el cómo enseñar por medio de una metodología que no diseñaba.
La organización y desarrollo del currículo giraba alrededor de objetivos educativos a alcanzar en términos operativos y de conducta.
La evaluación se conformó en una herramienta técnica, la que con su sola aplicación permitía obtener los resultados esperados. Se pasó, de este modo, a hacer una comprobación rigurosa de en qué medida se lograban esos objetivos. La evaluación se convirtió en una congruencia objetivos – resultados y para remarcar el sentido de objetividad, se recurrió entonces a la estadística. Esto transformó a la evaluación en una simple medición.
Las notas, ligadas a la calificación, aparecieron como la muestra de máxima objetividad, (cuando en realidad pueden ser tan subjetivas, como el análisis cualitativo de los resultados). De hecho, las calificaciones dadas a un mismo examen por diferentes docentes pueden variar así como las de un mismo docente a diferentes alumnos.
“Piaget nunca intentó ponerles números a los procesos cognitivos de un sujeto; él percibió que el problema era describir y comprender los estadios y su evolución y no cuantificarlos”.[18]
Muy lejos está este enfoque de entender a la evaluación como un proceso continuo, a través del cual el docente va comprendiendo y retroalimentando el proceso de aprendizaje del alumno.
Quienes han transitado por los Institutos entre los años 69 y 94, saben que se fueron introduciendo algunas prácticas evaluativas diferentes por iniciativa de los propios docentes. Aunque la obligación de aprobar dos o tres parciales para acceder al examen final y la pérdida de la condición de alumno regular al aplazar el primero y su respectivo recuperatorio, convirtieron a los Institutos en expulsores permanentes de alumnos.
La formación docente continuó ligada al examen y a la eficiencia en el mismo, tal como se puede ver en: Reglamento Orgánico para los Institutos Nacionales de Profesorado Secundario (1957), Reglamento para los Institutos Superiores de la Provincia de Buenos Aires (1969), Reglamentos de los Profesorados para la Enseñanza Primaria (1971, 1976).
Por distintos factores, las prácticas evaluativas hasta aquí descriptas, continúan presentes en la formación de formadores. Se han convertido en tradiciones instaladas que no siempre son objeto de análisis entre los actores de las instituciones, como lo seguiremos viendo en el hito que trabajaremos a continuación.
Sin embargo debemos rescatar un intento diferente respecto de la evaluación, proveniente de la Dirección Nacional de Educación Superior (Ministerio de Educación de la Nación) plasmado en la Disposición 67/87 y firmada por Ovide Menim en la que se implementa, a elección del alumno, el régimen de promoción con examen final, sin obligación de asistencia regular a clase o promoción sin examen final con obligación de asistencia a clase.
“Artículo 3°: Establecer que las promociones sin examen final se harán promediando el rendimiento en todas las actividades teórico- prácticas del curso: participación, asistencia, pruebas escritas, trabajos prácticos, coloquios y otros. Por esa razón es preciso que el alumno asista regularmente a clase en un término medio no menor del 70%. Cuando decimos clases teórico - prácticas queremos decir que ya es tiempo que la escisión entre clases teóricas y trabajos prácticos se vaya superando poco a poco hasta desaparecer”.
Este intento de cambio en la evaluación duró poco tiempo ya que los propios docentes prefirieron la vuelta al examen final.
C. FORMACIÓN DOCENTE EN LA ACTUALIDAD
La diversidad de planes y programas que ofrecía la provincia de Buenos Aires se homogeneizó en la década del 90, a partir de la Ley Federal de Educación N° 24.195 y de la provincialización de las Escuelas Normales Nacionales.
El artículo 53 de la Ley, establece los deberes del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación. En su inciso g) señala:
“Promover y organizar concertadamente en el ámbito del Consejo Federal de Cultura y Educación, una red de formación, perfeccionamiento y actualización del personal docente y no docente del sistema educativo nacional”.
Así surgieron la Red de Formación Docente Continua y los acuerdos marcos para la concertación. Precisamente el Acuerdo A N° 11 determina:
a) La formación de los docentes para todos los niveles y regímenes especiales corresponde al nivel superior no universitario y universitario.
b) Un primer criterio organizativo diferenciará la formación de los docentes de Nivel Inicial, de 1° y 2° ciclos de EGB y de 3° ciclo de EGB y Polimodal.
El art. 19 b de la citada Ley prescribe que la formación docente debe “perfeccionar con criterio permanente a graduados y docentes en actividad en los aspectos científico, metodológico, artístico y cultural, así como formar investigadores y administradores educativos”.
Por eso el documento de Concertación A-9 establece cuatro instancias en la formación docente:
a- Formación de grado.
b- El perfeccionamiento docente en actividad
c- La capacitación de graduados docentes para nuevos roles profesionales.
d- La capacitación pedagógica de graduados no docentes.
Como puede observarse el concepto actual de formación docente difiere de los que venimos analizando en este proceso histórico.
Del Diseño Curricular de la Formación Docente de Grado de la Provincia de Buenos Aires, extraemos las siguientes consideraciones:
“La formación de profesionales docentes para la implementación de los Diseños Curriculares de todos los niveles y modalidades del Sistema Educativo de la Jurisdicción, constituye el principal objetivo de la Educación Superior. Asimismo, la Formación Docente de Grado, se inscribe en la Formación Docente Continua y se complementa con la necesaria actualización y capacitación de los educadores”
La docente, es una carrera que se desarrolla interinstitucionalmente ya que el futuro docente se forma en una institución específica, pero necesita insertarse en la realidad escolar de las instituciones de los niveles implicados, para concretar su formación como profesional.
La implementación tanto de la Ley Federal de Educación Nº 24.195, como la de la respectiva Ley Provincial de Educación Nº 11.612 introduce en el ámbito de los ISFD, concepciones diferentes acerca de la evaluación, que se reflejan en la normativa, a saber:
§ La evaluación como proceso continuo y complejo, parte del proceso de enseñanza y aprendizaje.
§ La comunicabilidad de la evaluación.
§ La relación evaluación - expectativa de logro, entendiendo a esta última como la meta máxima que expresa las competencias que se esperan que logren los alumnos y alumnas al finalizar la Educación General Básica, la Educación Polimodal, etc.
§ La ampliación de los propósitos de la evaluación: verificar saberes y actitudes docentes, la capacidad crítica, la creatividad en la resolución de situaciones nuevas, el sentido práctico y la transposición de conocimientos en distintos contextos.
§ El concepto de acreditación y el compromiso ético.
§ La compensación como fortalecimiento de las posibilidades del alumno y el debilitamiento de sus limitaciones
§ La autoevaluación relacionada con la investigación – reflexión – acción.
Se comienza a tener en cuenta la información que brinda la evaluación para la toma de decisiones pedagógicas. Esto implica un proceso por medio del cual los profesores, mediante un previo acuerdo con los alumnos, buscan y usan información procedente de numerosas fuentes, que les permite comprender el estado de situación de los procesos de aprendizaje de los alumnos, a la vez que les informa acerca de los efectos que produjeron las estrategias de enseñanza utilizadas.
Por lo tanto, la evaluación forma parte, está integrada al proceso enseñanza y aprendizaje y es de carácter continuo.
Al respecto, apostando al modelo de evaluación que denomina crítico, Elliot dice:
“La separación entre tareas de enseñar y evaluar en los profesores tiene una distinción simétrica en los alumnos: la separación entre la adquisición de información o aprendizaje y las estrategias para responder mejor a la evaluación”.[19]
A pesar de estas nuevas conceptualizaciones y posturas, y de la existencia de prácticas innovadoras, coexisten en las instituciones, a modo de capas superpuestas, variadas prácticas evaluativas.
En relación a lo trabajado en este apartado son las voces de los alumnos de Institutos Superiores de Formación Docente, las que se hacen presentes con sus experiencias:
“Con respecto a la formación filosófica, psicológica y didáctica los modelos evaluadores fueron buenos, ya que tenían en cuenta el proceso y por lo tanto la compensación que se hacía como parte del proceso. En las materias relacionadas con el área de Matemática el modelo evaluador es tradicional, ya que siempre se toma por escrito y se tiene en cuenta el resultado. No importa si todo el procedimiento de un ejercicio lo hicimos bien, si nos equivocamos en una cuenta el ejercicio se anula. Los profesores del área dicen que no debemos tener errores.
Estos modelos tradicionales los vivencié durante todo mi recorrido escolar y los internalicé porque crecí con ellos y durante años pensé que eran los únicos que existían. Cuando tenga mi propio curso pienso cambiar esta forma tradicional que tiene la escuela de evaluar”.
“He vivenciado distintos tipos de modelos evaluadores. Con lo que respecta a mi formación secundaria, el modelo evaluador era tradicional, tecnocrático, ya que el docente utilizaba un conjunto determinado de técnicas, tratando de evaluar ciertos objetivos programados. Evaluar era comprobar cuanto se sabía del tema, la tendencia era a un estudio mecánico y memorístico. Los instrumentos utilizados eran pruebas de lápiz y papel de base estructurada y semiestructurada; tampoco faltaban las pruebas orales (famosas lecciones).
En mi formación terciaria como futura docente, puedo decir que si bien hay profesores que tienden a reproducir estos viejos esquemas con las características del modelo anterior, la mayoría apunta a nuevos modelos de enseñanza y por ende de evaluación. Hay por parte de ellos una autoevaluación y creo que algunos logran reflexionar en y sobre la acción, inclusive señalan la importancia y necesidad de una instancia de metaevaluación”.
“En lo que fue mi formación en el ámbito primario y secundario pude vivenciar estos modelos de evaluación: en función de su localización espacial- externa; en función de su localización temporal - sumativa y en función del normatipo con referencia a la norma.
Hubo pocos profesores que consideraron la importancia de rastrear saberes previos para que la enseñanza sea más significativa. La enseñanza fue en general una recolección de datos, que no estaban relacionados entre sí. Nunca me enseñaron a reflexionar sobre mi propio aprendizaje y las evaluaciones se confeccionaban induciendo a que el estudio fuera de manera mecanizada.
En lo que respecta a mi formación en el ámbito superior pude vivenciar distintos modelos evaluadores. En general estos se basaban en función de su localización espacial- interna y externa; en función de su localización temporal - inicial o diagnóstica y formativa y en función del normatipo con referencia al criterio.
Es el tipo de evaluación de proceso, el cual me permite analizar la calidad de mi aprendizaje de manera permanente y me posibilita una retroalimentación periódica. Me pareció enriquecedor aunque fueron pocos los casos, el hecho de tener que autoevaluarme, pero además tener que evaluar al profesor, a la cátedra.
Al reflexionar sobre mi formación llegué a una conclusión y es que estoy en un período de transición. Casi siempre me evaluaron el producto, ahora aparece la evaluación de proceso, debo trabajar sobre mí para lograr internamente desterrar lo que no quiero desarrollar como práctica evaluativa”.
Es notable como quedan al descubierto en estos relatos esas capas superpuestas, en las que se incorpora la evaluación comprensiva, de proceso, para la toma de decisiones. Es interesante también analizar cómo esas prácticas evaluativas dejan huellas en los futuros docentes y que, a pesar de ello, se plantean no reproducirlas.
Esto cobra especial importancia si se tiene en cuenta que, en los ISFD, no sólo se evalúan los aprendizajes de los alumnos. Las prácticas evaluativas de los profesores operan como modelos de referencia para aprender a evaluar.
Queda a la vista entonces, como hay una diversidad de prácticas que confluyen en un mismo espacio y tiempo. Algunas son innovadoras, en otras subyace la intencionalidad de cambiar y en otras se evidencia una concepción centrada en los resultados por sobre los procesos. Esta última se pone de manifiesto en el recurrente pedido de los docentes acerca de la “vuelta al examen final con tribunal”.
Esto ha configurado una forma particular de evaluar de parte de los docentes y de aprender del estudiante, que resulta muy complejo de modificar porque estas prácticas, aunque necesitan de un marco ordenador, no se modifican por el reemplazo de una ley por otra que se supone mejor. Para ello se requiere contemplar una serie de cuestiones, entre las que se encuentra como punto de partida básico, que el docente reflexione acerca de su matriz de aprendizaje y que indague hasta que punto esta favorece u obstaculiza su reposicionamiento frente a la enseñanza, el aprendizaje y la evaluación.
Evaluar implica entonces, no sólo resolver problemas técnicos, cómo obtener información y con qué dispositivos, sino también problemas éticos: qué evaluar, por qué hacerlo, cómo expresar los resultados, qué comunicar sobre la evaluación a los alumnos, cómo orientarlos para retomar el proceso.
La evaluación se halla teñida por las relaciones de saber - poder. La relación evaluación - poder es uno de los nudos críticos que ha atravesado la formación de formadores. Nudo que se asienta fuertemente en el proceso histórico que analizamos.
Cuando el examen, en cualquiera de sus variantes, se convierte en el
instrumento principal de valoración se enfatizan las relaciones de saber - poder. Se lo utiliza para una diversidad de fines como:
- comprobar lo que el alumno está aprendiendo,
- lo que ignora,
- calificar un aprendizaje específico,
- certificar un título,
- premiar o sacar conclusiones externas (sólo el 10% de los ingresantes a Ingeniería de la UNLP aprobaron la prueba de matemática), etc.
Como dice Alvarez Méndez:
“Tantas funciones y un único instrumento real y con poder mágico, decisorio y definitivo valor añadido para abarcarlas a todas. Se trata del examen, en cualquiera de sus modalidades, bajo cualquiera de sus expresiones o fórmulas. ¿Acaso un mismo instrumento puede desempeñar tantas y tan variadas funciones? ¿Puede servir a tantos y tan variados fines? ¿Sobre qué base de razón se puede sostener este proceder examinador tan extendido y tan calladamente aceptado, que ha llegado a adquirir carta de naturaleza inmanente y al que no se le encuentran sustitutos de hecho, a pesar del común reconocimiento de las disfunciones que provoca y cuya única eficacia probada es la misma disfuncionalidad que produce? Probablemente entre tanta amalgama y tanta confusión los intereses de mercado acaben ocultando, si no fagocitando, tan numerosas funciones, fines, intenciones y valores formativos proclamados”. 1
El examen suele producir en algunos alumnos un reforzamiento o disminución de la autoestima. Y es en este sentido, cuando la evaluación se convierte en instrumento de exclusión a lo largo del proceso educativo de un sujeto, desempeñando un papel disciplinador y coercitivo que encubre el ejercicio de autoridad de quien la ejerce.
Sobre él ha dicho Piaget:
“Se ha dicho todo acerca del valor de los exámenes escolares y, sin embargo, esta auténtica plaga de la educación a todos los niveles sigue viciando –y la palabra no es demasiado fuerte- las relaciones normales entre el docente y el alumno, comprometiendo en ambos la alegría de trabajar y a menudo la confianza mutua. Los defectos esenciales del examen son, en efecto, que no se obtienen generalmente resultados objetivos y se convierte en un fin en sí mismo... El examen escolar no es objetivo, en primer lugar porque implica siempre una parte de suerte, pero además y sobre todo porque se basa en la memoria más que en las capacidades constructivas del alumno (como si este estuviera condenado a no poder utilizar nunca más los libros al salir de la escuela..)....El examen escolar se convierte en un fin en si mismo porque domina las preocupaciones del docente en lugar de favorecer su vocación natural, la de despertar conciencias e inteligencias, y porque orienta todo el trabajo del alumno hacia el resultado artificial constituido por el éxito en las pruebas finales, en lugar de intentar apoyarse en sus actividades reales y en su personalidad. Así, la única explicación del mantenimiento de los exámenes hay que buscarla en los factores del conservadurismo social...”.1
Las prácticas evaluadoras de algunos docentes que determinan el momento, la forma, el contenido, la interpretación de las respuestas, la ausencia de explicitación de criterios, la comunicación del resultado como algo absoluto e incuestionable, (en lugar de efectuar una devolución que permita al otro resignificar sus aprendizajes a partir de los propios errores), hacen que éstas se conviertan en una forma de dominio sobre el otro.
El poder asimétrico que tiene el docente está sostenido por la jerarquía, la edad, la experiencia, el saber, la capacidad de decisión sobre el otro, la potestad de castigar con la nota, con la sanción. Esto denota el sostenimiento de vínculos en los cuales las partes no están en igualdad de condiciones.
Esta asimetría no implica que el ejercicio del poder aparezca por ello siempre teñido de carácter negativo y bajo la forma de un autoritarismo represivo que provoque en el alumno actitudes de sumisión, rechazo, rebeldía, desinterés, huida, etc. Es cuando se operativiza en correlación con las características enunciadas, que nos encontramos ante un poder que traslada el posible eje transformador en un eje obstaculizador.
Este tipo de condicionamientos transforma a los alumnos en seres pasivos, dependientes, que colocan afuera la responsabilidad sobre sus propios procesos de aprendizaje y conocimiento. Suele situárselos además como terceros excluidos, en el sentido de que se les demuestra al evaluarlos que el conocimiento que posee el docente es inaccesible para ellos, colocándolos a distancia de él y estimulando la frustración.
Este poder se patentiza aún más en ambientes autoritarios con docentes con inseguridad académica, con pocos recursos para la conducción, y/o con insuficiente experiencia en su rol.
La evaluación es una práctica que clasifica y califica a los alumnos invirtiendo las relaciones de saber y poder, ya que las presenta como si fueran relaciones de saber, las que son de poder. Por lo que, “cumple con una función selectiva y jerarquizadora en todos los niveles escolares”.[20]
“Cuando se practica la evaluación con tintes selectivos y jerarquizadores es una práctica antisocial”. [21]
Ahora bien, la evaluación es una práctica que se da entre seres humanos, relacional y comunicacional y en este sentido es que está atravesada por la ética y nos conduce al planteo de ciertos interrogantes sobre la base de los cuales habría que trabajar de manera más profunda para alcanzar acuerdos:
- ¿Es justo que en la evaluación de la enseñanza, el único que obtenga premio o castigo sea el alumno?
- ¿Es posible conciliar la objetividad de la evaluación con la concepción de evaluación como toma de decisiones, como juicio de valor?
- ¿Es coincidente ser objetivo con ser justo?
- ¿Ser objetivo, no intenta poner fuera del docente el compromiso con la evaluación?
- ¿Qué usos hacemos de la evaluación los docentes, qué usos hacen los alumnos?.
- ¿Coinciden estos usos con los que pretende la sociedad y el propio sistema educativo?
- ¿Al servicio de quién están las evaluaciones que realizamos?
- ¿Qué acuerdos respecto de la evaluación establecemos los docentes de un mismo grupo de alumnos?
- ¿Por qué valoramos las virtudes del aprendizaje cooperativo, pero no lo tenemos en cuenta al momento de evaluar?
- ¿Tenemos en cuenta las consecuencias de la evaluación en los sujetos evaluados?
- ¿Utilizamos el diálogo en la evaluación?
Para intentar modificar las prácticas de evaluación, sería necesario producir cambios profundos en la formación docente y en los docentes en ejercicio. Visto así parece imposible, sin embargo las imposibilidades se desvanecen cuando se empiezan a tejer redes que nos permiten compartir, discutir y resignificar las prácticas evaluativas en la formación docente, como es el caso, de este seminario.
- Alvarez Méndez, Juan Manuel, Evaluar para conocer, examinar para excluir, Madrid, Ediciones Morata, 2001.
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- Testimonio: Alumnos de Institutos Superiores de la Provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, 2003.
- Torres, José María en Memorias del Ministerio de Instrucción Pública, Buenos Aires, 1888.
capítulo 2
Introducción
En el capítulo anterior hemos recorrido la historia de la evaluación en la formación docente. Historia que atraviesa las prácticas profesionales de cada docente formador y que da cuenta de las diferentes concepciones que coexisten en el hacer cotidiano de las instituciones formadoras..
En este capítulo analizaremos:
· las posturas y concepciones que, sobre evaluación, están presentes en los docentes formadores y que necesariamente influyen sobre el perfil de los docentes que egresan de las instituciones formadoras,
· la relación de las palabras instrumentos, dispositivos e instancias de evaluación con las concepciones;
· las condiciones de la evaluación que, además de acreditar el conocimiento de los alumnos, favorecen que continúen aprendiendo,
· los alcances de la evaluación, diseñada como superadora de la postura que la asemeja a la simple aplicación de un instrumento.
DISTINTAS POSTURAS sobre LA EVALUACIÓN
Pérez Gómez describe dos grandes enfoques sobre la evaluación:
· Paradigma Positivista (que el autor cataloga como estrecho) y que caracteriza a la evaluación como objetiva porque los instrumentos que utiliza, propios de las ciencias experimentales, son válidos y fiables; aplica una metodología estadística que cuantifica la información obtenida; su diseño está cuidadosamente estructurado a partir del control de las variables intervinientes y, de esta manera, logra medir el producto final o los resultados de la enseñanza. Determina el éxito del proceso de enseñanza mediante la comparación de los resultados obtenidos con el estado inicial.
Por lo general, el docente que adhiere a este paradigma utiliza instrumentos, que desde el presupuesto epistemológico positivista, garantizarían por su sola aplicación, la objetividad y validez de toda evaluación, por ejemplo: las denominadas “pruebas objetivas” que incluyen ítems de opción múltiple, apareamiento y hasta las conocidas “parrillas de registro”.
Este tipo de instrumentos favorece que los alumnos respondan por repetición mecánica; por lo general brindan pocas posibilidades de justificar una respuesta o de argumentar la elección de una respuesta, ya que suele valorarse la posesión de una determinada información o hecho, no promueve la defensa de posturas o la realización de procesos autoreflexivos.
En algunas entrevistas y encuestas[22] realizadas a docentes hemos detectado que adhieren a esta postura porque:
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“los instrumentos de tipo tradicional o tradicional mejorada donde los alumnos respondían a la memoria y a la recordación obtenían mejores resultados “ |
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“aquellos instrumentos que llevan a deducir, aplicar, fundamentar y justificar tienen un alto índice de desaprobados...” |
“La estrechez del paradigma positivista en sus aplicaciones a la elaboración y evaluación de proyectos educativos ha provocado el desarrollo de enfoques alternativos con presupuestos éticos, epistemológicos y teóricos bien diferentes…” (Pérez Gómez en Gimeno Sacristán - Pérez Gómez, 1985: 429)
· Paradigma Alternativo o Comprensivista, en este caso la evaluación es considerada como un recurso que devela el significado de productos complejos, sean estos explícitos o implícitos; se propone interpretar las distintas situaciones capturando su singularidad dentro de múltiples contextos, atendiendo a las principales características que la definen y afectan su desenvolvimiento; no prevé un plan sistemático a priori al no considerar el producto como único dato valioso de su investigación y análisis; rescata una metodología sensible a las diferencias y a los acontecimientos imprevisibles, a las posibilidades de cambio, tomando en consideración tanto las manifestaciones que se observan como sus significados latentes; valora opiniones, intereses y aspiraciones fundadas en diversas ideologías de todos los actores involucrados en los procesos de enseñanza y de aprendizaje.
Estas características cumplen con los requerimientos de una evaluación cualitativa; la cual se funda según el autor mencionado en determinados supuestos:
"... apertura conceptual para dar cabida en la evaluación a resultados no previstos y acontecimientos imprevisibles; apertura de enfoque, en la manera de recoger los datos; apertura metodológica, incluyendo procedimientos informales; y apertura ético - política, al recoger las opiniones e interpretaciones de todos los grupos de interés implicados en un proyecto educativo". (Pérez Gómez, en Zabalza, 1993: 245)
En este caso, es necesario que las estrategias/ dispositivos de evaluación sean flexibles, amplios para permitir rescatar información acerca de la realidad en la que el alumno está inmerso. Adherir a este paradigma significa, que al momento de tomar decisiones con respecto al diseño de las instancias de evaluación, es importante pensar en: metáfora, incidente crítico, estudio de casos, portafolio, entre otros.
Los docentes entrevistados manifiestan que proponen a sus alumnos como dispositivos de evaluación
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“La producción de textos, portafolio, resolución de problemáticas, pruebas a libro abierto, trabajos de investigación domiciliarios con defensa oral, textos paralelos”. |
Sostienen que:
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“...reflejan la capacidad de expresión de los alumnos...” además de constituirse en un “... un proceso desafiante en la corrección...” |
Relaciones entre las perspectivas curriculares y la evaluación
¿Existe una relación directa entre las decisiones curriculares y la evaluación?
Frente a este interrogante indagamos sobre algunas perspectivas curriculares a partir del trabajo presentado por Fernández Sierra (1994) (Perspectiva Técnica, Perspectiva Hermenéutica y Perspectiva Crítica). Este autor realiza un análisis minucioso de las características que cada una de ellas considera como elementos preponderantes en un currículum y las relaciones de estos con la evaluación. Es decir, la forma de plantear a la evaluación, la función que cumple y los instrumentos que privilegia.
Perspectiva técnica (también denominada tecnocrática, tecnicista) o evaluación para el control: En esta perspectiva, los objetivos, constituyen el elemento curricular que tienen mayor relevancia. Deben estar redactados en forma clara y precisa. Por lo general no se jerarquiza el papel que juegan profesores y alumnos en los procesos de enseñanza y de aprendizaje. El profesor es un mero reproductor de los contenidos elaborados por otros (especialistas de las diferentes áreas) y los alumnos serán mejor evaluados cuanto más exactamente repitan los conceptos aprendidos.
Por lo tanto, desde esta postura suele aconsejarse la utilización de: listas de control, escalas cuyas categorías se deciden a priori, con el propósito de evaluar resultados. Ejemplos de este tipo de instrumentos podemos encontrar en el texto de LAFOURCADE P.,1969:64.[23]
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Ejemplo N° 2
Mapas CONSIGNA. Observar atentamente los datos que figuran en el mapa del país. Encerrar en un círculo las respuestas que se juzguen convenientes
10)¿Cuál de loe siguientes ríos corre hacia el noreste? A. Salado. B. Limay. C. Paraná. D. Bermejo
11) Si tuviera que viajar desde Buenos Aires en un avión que desarrollara 550km por hora. ¿cuánto tiempo tardaría para llegar a San Juan? A. 3 horas 30 mInutos. B. 1 hora 45 minutos. C. 2 horas. D. 4 horas.
12) ¿Cuál de las siguientes ciudades se halla en el lugar más elevado con respecto al nivel del mar A. Santa Fe. B. San Luis. C. Santa Rosa. D. Santiago del Estero. 13)¿A qué línea imaginaria corresponde la línea de puntos trazados al norte del paralelo 30? A. Ecuador. B. Trópico de Cáncer. C. Círculo Polar Ártico. D. Trópico de Capricornio.
14)¿Cuál es la provincia más austral de la República Argentina? Formosa. Buenos AiresNeuquén. Tierra del Fuego. (Ejemplo elaborarlo sobre el propuesto por la docente Alicia García de Francile, San Juan)
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Ejemplo N°1: de escala de calificación:
Consigna: Indicar el grado en que se manifiesta el espíritu de iniciativa de los alumnos., tildando en la casilla la que juzgue más adecuada.
Clave: 5. Excelente
4. Muy bueno
3 Bueno
2. Regular
1. Deficiente
Escala Items 5 4 3 2 1
1)Originalidad en las sugerencias que formula.
2) habilidad para alterar el curso de lo planeado
3) capacidad para aportar nuevas ideas
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Ejemplo N° 3
Globos terráqueos CONSIGNA: Con el globo terráqueo a la vista se puede formular una serie de preguntas, de respuestas guiadas (orales o escritas), tales como:
1. ¿Qué ciudad europea importante se encuentra a los 37° Este del meridiano de Greenwich y a 52° lalitud Norte? Moscú.
2.
¿Qué importante ciudad americana se halla situada Buenos Aires
3. ¿En cuál hemisferio predominan las aguas? Hemisferio Sur.
4. Identifique en Africa los países sobre los cuales pasa el Ecuador. Congo, Tanganica, Gabón, Ruanda, Urundí
5. ¿Cuál representación de la Tierra le daría visualmente una noción más precisa de la distancia entre la península de Alaska y la península de Kamchatka: un mapamundi o un globo terraqueo? Un globo terráqueo
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Por lo general, y con el propósito de garantizar la objetividad se separa a la evaluación del proceso de enseñanza. Las pruebas pueden ser administradas por personas ajenas a dicho proceso. Así, la evaluación se concibe como un elemento de control de profesores, alumnos, instituciones escolares, etc. y el rendimiento de los alumnos es el insumo fundamental para evaluar a los profesores y a los centros escolares. No se valora la capacidad del docente para diseñar la enseñanza y para evaluar a sus alumnos. El modelo de acción educativa es general y cerrado y excesivamente prescripto, con el propósito de garantizar su eficiencia. A todos los problemas asociados con la evaluación se lo consideran como problemas técnicos y no ético – políticos.
Perspectiva hermenéutica (también denominada práctica) o evaluación para la comprensión: Dentro de esta perspectiva se tienen en cuenta todos los participantes del proceso como sujetos activos. El papel del profesor es poner a los alumnos en contacto con los contenidos que nunca se dan como supuestos de antemano “... y capacitarlos para que se introduzcan en una comunidad de conocimientos”. (Fernández Sierra, en Angulo y Blanco (comp.), 1994: 302)
En esta visión, el currículum no está predeterminado jerárquicamente, sino que es producto de discusiones y acuerdos entre todos los involucrados en los procesos de enseñanza y de aprendizaje.
La evaluación se considera como parte del proceso mismo de enseñanza y facilitadora de los aprendizajes. El papel del docente en ella es fundamental.[24]
La función de la evaluación es colaborar en la mejora de los aprendizajes y de la enseñanza teniendo en cuenta niveles de complejidad creciente. Por esta razón es conveniente que sea llevada a cabo por personas vinculadas con el proceso mismo transformando a los participantes en actores directos y responsables.
Pensemos .... ¿Los planes de evaluación institucional reflejan las prácticas evaluativas instaladas? ¿Quiénes participan en la elaboración de dicho plan? ¿Es posible la formulación de acuerdos referidos a la evaluación en la formación docente? ¿Se generan espacios de reflexión e intercambio entre profesores, entre alumnos y profesores sobre la práctica evaluativa instalada en el aula y en el instituto? Los dispositivos de evaluación utilizados ¿se analizan para hacer ajustes y modificaciones?
Los docentes tienen un rol relevante y activo dentro del proceso, ya que necesitan analizar, criticar su propia práctica para poder, de esta forma, mejorarla. El profesor se constituye en un profesional activo, comprometido con su propio proceso de enseñanza, con la posibilidad de estudiarlo y analizarlo.
En las encuestas realizadas, hemos detectado algunos colegas que adhieren a esta postura y lo manifiestan a través de las siguientes afirmaciones:
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- “...al inicio de mi práctica igualaba evaluación con comprobación, utilizaba instrumentos de corte tradicional. Ahora incorporo otras modalidades por ejemplo, la producción de textos...” - “La diversificación de instrumentos me resulta cada vez más provechosa, en este tema de evaluar” - “He ido variando las estrategias y adecuándolas a diferentes grupos y temáticas trabajadas...” - “Para mejorar los resultados de mis prácticas evaluativas he realizado modificaciones, teniendo en cuenta la normativa vigente...” - “...he cambiado mucho mis prácticas evaluativas en relación a las necesidades de los grupos y a mi propia experiencia...”
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Perspectiva crítica (también denominada emancipadora) o evaluación para la acción: Esta perspectiva considera que a pesar de que normalmente el currículum se le presente a los profesores como prescripto, cada docente genera contextualizaciones propias y vinculadas con la complejidad de las instituciones.
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PROFESORADO PARA 1° Y 2° CICLO DE LA EGB LENGUA Y LITERATURA Y SU ENSEÑANZA III
2° PROPUESTA DE EVALUACIÓN PARCIAL
CONTENIDOS A EVALUAR: La práctica pedagógica de Lengua en el Nivel EGB
Contenidos conceptuales Contenidos procedimentales Contenidos actitudinales
Teorización acerca de la didáctica de la lengua y la literatura, a partir de las prácticas de enseñanza llevadas a cabo. Objetivación y análisis de prácticas propias y ajenas. Diseño de secuencias de actividades y proyectos comunicativos. Valoración del rol docente como formador de la identidad personal, social y democrática de los alumnos. Confianza en la capacidad para resolver propuestas didácticas. Valoración de la autoevaluación permanente, como componente esencial de la profesión docente.
CONSIGNAS DE TRABAJO:
§ Seleccionar una problemática del área en referencia a la práctica pedagógica. § Definir el problema y describirlo en términos teóricos con apoyatura bibliográfica. § Delinear líneas de acción superadoras de la problemática planteada. § Presentar algunas actividades para los alumnos encuadradas en el tema. § Explicitar la evaluación a implementar en este marco. § Elaborar una conclusión personal que evidencie reflexión crítica e integración de los aportes teórico-metodológicos recibidos durante tu formación profesional. § Entregar el trabajo el jueves 6/9/01.
CRITERIOS DE EVALUACIÓN:
§ Pertinencia de la problemática seleccionada. § Integración de aportes teórico-metodológicos. § Reflexión crítica. § Elaboración personal. § Compromiso con el trabajo solicitado. § Respeto de las pautas de tiempo y forma propias del trabajo.
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PROFESORADO PARA 1° Y 2° CICLO DE LA EGB LENGUA Y LITERATURA Y SU ENSEÑANZA III
2° PROPUESTA DE EVALUACIÓN PARCIAL GRILLA DE CORRECCIÓN
CONSIGNAS DE TRABAJO PUNTAJE DESEADO PUNTAJE OBTENIDO
Selección pertinente de la problemática del área en referencia a la práctica pedagógica.
10
Definición del problema y descripción en términos teóricos con apoyatura bibliográfica.
15
Delimitación de líneas de acción superadoras integrando aportes de autores.
15
Presentación de actividades para los alumnos encuadradas en el tema.
10
Explicitación acorde de la evaluación a implementar (procesual y final). 10
Elaboración de la conclusión personal evidenciando reflexión crítica e integración de los aportes teórico-metodológicos recibidos durante la formación profesional.
20
Respeto de la Agenda de trabajo propuesta. 5
Entrega del trabajo en tiempo y forma 5
PUNTAJE TOTAL 100
CALIFICACIÓN OBTENIDA
CONDICIÓN DE APROBACIÓN: 60% según la siguiente tabla:
NOTA PUNTOS
10 100-96
9 95-90
8 89-84
7 83-78
6 77-72
5 71-66
4 65-60
3 59-39
2 38-18
1 17-0
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Perspectiva: “Pedagógico Didáctica” Curso: 1° año Ciclo Lectivo: 2002
2° PARCIAL
El presente parcial domiciliario puede ser elaborado en forma individual o en parejas se resolverá sobre el abordaje del texto de Tadeu Da Silva T. (2001) Espacios de Identidad. Octaedro. Madrid; cuya temática central se refiere a las Teorías del currículum; y la fecha de entrega será el día 13 de Noviembre. En el caso de ser necesaria la recuperación y previa corrección, la fecha para entregar el recuperatorio será el 25 de Noviembre.
CONSIGNAS:
1. Elaborar un esquema conceptual, cuadro sinóptico o esquema de contenido que presente las distintas Teorías del Curriculum abordadas por el autor. 2. Adherir al menos a dos de las teorías analizadas (esta consigna es individual), justificando la adhesión con una fundamentación que no exceda los 10 renglones. Recordar que se trata de fundamentar por qué se adhiere a esta teoría con las propias razones, y no realizar una síntesis de la teoría respectiva.
3. Dadas las siguientes expresiones vertidas por distintos docentes[25], analizar al menos tres de los discursos propuestos, reconociendo en ellos la o las teorías implícitas. Fundamentar el análisis recurriendo al marco teórico.
a) “El educar es una práctica social compleja que se orienta en función de concepciones en las que se entrecruzan variables singulares, históricas, sociales y políticas Esta práctica se orienta a la persona total, es un proceso ininterrumpido cuya finalidad es permitir al ser humano una mejor inserción al medio en el cuál vive, tiene que ver con ofrecer las herramientas para que el individuo, sea cual fuere su origen social pueda establecer relaciones con el medio en igualdad de condiciones sin perder de vista lo esencialmente pedagógico de la tarea. El fin sería entonces hacer del hombre un ser social, con todo lo que ello implica, dotado de capacidades para ser, hacer y poder.” b) “Educar en sentido genérico es la acción por la cual se transmite la cultura y valores de una sociedad a los niños y jóvenes que van a desempeñarse en ella, para que puedan actuar exitosamente en la misma. Se educa de diferentes formas de acuerdo a un proyecto o propuesta pensado desde el gobierno” c) “En las escuelas debe enseñarse además de las materias específicamente curriculares como Lengua, Matemáticas, Ciencias, etc.; habilidades, artes, lenguajes, y a formar grupos de trabajo, a ser cooperativos, a tener juicio crítico, a usar las nuevas tecnologías como instrumentos para la acción y la posibilidad de transformar la realidad.” d) “No podemos pensar la educación desde un proyecto pre diseñado, estático e inamovible. Cada docente, o mejor dicho cada escuela debe replantearse permanentemente la pertinencia de lo que está enseñando para un grupo determinado en un contexto determinado; y sobre esto no solo debe escucharse a los docentes, sino que es importante considerar que opinan los alumnos.” e) “El problema básico de las escuelas es no considerar las “diferencias” se enseña desde un modelo moral único y ese discurso deja afuera a los que no responden a ese modelo. Deben enseñarse contenidos que representen a todos.” f) “A pesar de la época en que vivimos nuestra escuela es machista. Los próceres que se recuerdan son hombres, los roles revalorizados representan a los hombres y por supuesto las alumnas tienen que comportarse como señoritas...
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Por lo general, los alumnos[26], cuando el profesor no genera un dispositivo de evaluación que incluya instancias preparatorias y de devolución de la tarea realizada, caracterizan a las evaluaciones por el tipo de actividad que plantean, sin importar sus objetivos y expresan, por ejemplo:
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- “en la mayoría de las asignaturas se utilizó la evaluación escrita..” Además de: - “...exposiciones orales con mapas conceptuales...” - “...trabajos prácticos grupales e individuales...” - “..clases expositivas...” - “...las evaluaciones fueron en forma de coloquios y escritas, exposiciones de clases, resolución de problemas...” - “...parciales, trabajos prácticos, elaboración de ensayos y reseñas, resolución de problemas.” |
Por lo general, no tienen claro el objeto de la evaluación y lo asocian, sólo a la comprobación de conocimientos vinculados a la acreditación o aprobación del espacio curricular respectivo.
A continuación planteamos dos situaciones que muestran dos dispositivos de evaluación diferentes...
A- Luego de realizado el examen parcial escrito, el profesor corrige y obtiene los siguientes datos: un 40 % aprobados y un 60 % desaprobados. Señala en los escritos las respuestas correctas e incorrectas. A los 15 días de efectuada la evaluación, entrega y notifica al grupo las calificaciones obtenidas, sin efectuar devoluciones sobre los errores cometidos, solamente agrega: “han estudiado muy poco, los resultados son evidencia de ello, mejor que estudien para el recuperatorio, caso contrario pierden la cursada y eso es un problema de ustedes.”
Cuando los alumnos le consultan sobre las causas de sus errores les indica volver a leer la bibliografía de la cátedra.
B- Antes de la realización del examen parcial, el profesor lee los ítem a desarrollar y aclara las dudas que se presentan. Al corregir, obtiene los mismos porcentajes de aprobados y desaprobados del escenario anterior. En el momento de la devolución realiza una aclaración general al grupo de alumnos sobre las dificultades que se presentaron, comentando que los retomará en las clases subsiguientes. Luego, entrega a cada uno su parcial con referencias pertinentes a los diferentes ítem. Sugiere que relean las preguntas, las respuestas, realicen acotaciones que consideren convenientes, revean la bibliografía, en forma individual o grupal. Todo lo que realicen será insumo para la revisión, tanto de la práctica de la enseñanza, como del proceso de aprendizaje de los alumnos.
A modo de síntesis, consideramos, como Flor Cabrera que:
“ no debe olvidarse que la evaluación, antes que nada, es una actitud. Los procedimientos de evaluación adquieren un sentido u otro, se aplican de una manera u otra, según la actitud con la que se aborda la actividad evaluativa”. (Cabrera, 2000: 13)
Es importante señalar el valor de la evaluación como posibilidad de cambio y mejora, y destacar más los efectos que produce el proceso evaluativo que el impacto de sus resultados.
“(...) El proceso evaluativo, en la medida en que introduce la reflexión sobre lo que se hace y como se hace, que cuestiona la eficacia de las prácticas, sensibiliza a las personas implicadas sobre muchas cuestiones. Si se consigue desarrollar esta sensibilidad y que los docentes (los que se están formando y los formadores) entren en un proceso de reflexión y crítica pedagógica sobre qué se hace, cómo se hace y qué utilidad tiene, sin duda se habrán sentado las bases de una evaluación que tiene el reto de asegurar la calidad de la formación” . (Cabrera, 2000: 13)
- ANGULO RASCO, Félix Y Nieves BLANCO (coord.) Teoría y desarrollo del currículum. Málaga. Aljibe. 1994
- APPLE, Michael W. Ideología y currículo. Madrid. Akal. 1986.
- BOBBIT, Franklin. “Dos niveles de experiencia educativa”, en Alicia de Alba, Díaz Barriga y E. González Gaudiano (comp.) El campo del currículum Volúmen I, México. CESU/UNAM. 1991
- CABRERA, Flor. Evaluación de la formación. Madrid, Síntesis. 2000.
- DOCUMENTOS CURRICULARES – Provincia de Buenos Aires. 1996
- ELLIOT, John. El cambio educativo desde la investigación – acción. Madrid, Morata. 1993
- GIMENO SACRISTAN, José Y PEREZ GOMEZ, Angel, La enseñanza, su teoría y su práctica. Madrid. Akal. 1985
- GIROUX, Henry. Los profesores como intelectuales. Hacia una pedagogía crítica del aprendizaje. Paidós, MEC. 1990.
- LAFOURCADE, Pedro, Evaluación de los aprendizajes. Bs. As. Kapelusz. 1969.
- PARRA, Gustavo Y PASILLAS Miguel Angel. “Lo sustancial y lo accesorio en el currículum”, en Revista Argentina de Educación. Año IX, N 16. Buenos Aires. AGCE. 1991
- REMEDI, Eduardo. “Racionalidad y curriculum. Deconstrucción de un modelo”, en Landesman, M. (comp.) Curriculum, racionalidad y conocimiento. México. Universidad Autónoma de Sinaola, 1988.
- STENHOUSE, Lawrence. Investigación y desarrollo del curriculum. Madrid. Morata. 1991
- TYLER, Ralph. Principios básicos del currículo. Buenos Aires, Troquel. 1973.
- ZABALZA, Miguel Angel. Diseño y desarrollo curricular. Madrid, Narcea. 1993.
CAPÍTULO 3
¿Es la compensación parte del proceso de evaluación?
Arena, Marta Beatriz
Volpe, Silvina Alejandra
1. Introducción
En este capítulo nos hemos propuesto estudiar la relación entre la compensación y la evaluación.
Partimos del supuesto de que co – existen múltiples y variadas visiones sobre el significado del proceso de compensación asociado a la evaluación. Por ello, en primera instancia recabamos las ideas que, docentes y alumnos de los institutos de formación docente de la provincia de Buenos Aires plantean, para luego realizar un análisis de las distintas opiniones y presentar algunas propuestas tendientes a que las instancias de evaluación posibiliten que los alumnos tomen conciencia de sus limitaciones y avancen en el aprendizaje, superando la idea de reducir a la evaluación a una instancia de acreditación, pero sin negar a esta última su rol, como actividad propia de todo sistema educativo.
Conocemos que la evaluación constituye una práctica compleja, inherente al campo didáctico y condicionada por múltiples factores. Es bien sabido también, que una de las funciones de los docentes del sistema educativo es la de evaluar a sus alumnos ya que los resultados de las evaluaciones/ acreditaciones logradas por los estudiantes durante su formación le posibilitan, fundamentalmente en el nivel terciario, el otorgamiento de una habilitación profesional para desempeñarse en el campo laboral con impacto en la comunidad.
Sin embargo, las concepciones didácticas actuales recuperan como finalidad fundamental de la evaluación, el sentido que muchas veces por obvio, ha sido excluido de las prácticas habituales, el posibilitar a los estudiantes, tomar conciencia de los aprendizajes adquiridos y a los docentes, una interpretación de las implicancias de la enseñanza en esos aprendizajes.
La esencia de toda actividad evaluadora es su componente axiológico. Evaluar es valorar, lo que implica necesariamente la emisión de un juicio de valor acorde a los marcos axiológicos, tendientes a la acción. Esta valoración no puede quedar reducida sólo a la detección de quien aprueba o no una materia, en especial en las instituciones de formación docente. Por ello y ante una normativa que propone la compensación vinculada a la evaluación y la clasifica en compensación preventiva y en compensación para acreditaciones pendientes, consideramos necesario profundizar en estas cuestiones que se instalaron en las instituciones formadoras, quizás, sin demasiado análisis ni reflexión, con el propósito, como hemos dicho al comienzo de este título, de estudiar la relación entre la compensación y la evaluación.
Como punto de partida hemos realizado entrevistas al azar con algunos profesores que trabajan en Institutos de Formación Docente de la Provincia de Buenos Aires con el propósito de indagar qué hacen estos docentes en las denominadas instancias de compensación o compensatorias, qué diferencias hay entre compensación preventiva y pendiente; qué actividades compensatorias realizan.
A continuación transcribimos algunos testimonios de los docentes entrevistados que luego analizamos:
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- “En el compensatorio les doy trabajos prácticos." - "Yo sigo tomando examen." - "Según sus dificultades, les solicito diversos trabajos." - "Les hago compensar sólo lo que no aprobaron." - “En la compensación preventiva, armo grupos heterogéneos para que los alumnos más avanzados ayuden a los que tienen dificultad.” - "Compensa todo." - "Que compense en su casa, estudiando." - “No quiero seguir dando clase como todo el año.” - “Compensa lo que yo quiero.” - “Práctica no se compensa.” - “Es injusto para el que estudió todo el año, y no faltó a clase.” - “Les entrego los trabajos realizados durante el año para que revisen y corrijan la redacción y la ortografía.” - “...”
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Las expresiones recabadas se transformaron en el punto de partida que nos permitió problematizarnos sobre el tema y comenzar a trabajar sobre nuestros propios supuestos.
Analizar cada expresión significó reconocer que los docentes consultados y nosotras mismas estábamos seleccionando entre varias alternativas, y que cada opción elegida da cuenta de la pertenencia a una cultura, a un modo de vida que se internalizó de forma tal que es parte de nuestros actos y de nuestros gustos y que todos, como sujetos ponemos en juego, por lo general, de manera inconsciente.
Según Bourdieu, a través de la formación de habitus los sujetos han sido impuestos e imponen un modo de seleccionar, de clasificar y de experimentar la realidad, pero, es el mismo autor quien sostiene que “El habitus no es el destino que algunas veces se ha creído ver en él. Siendo producto de la historia, es un sistema abierto de suposiciones, enfrentado de continuo a experiencias nuevas y, en consecuencia, afectado sin cesar por ellas. Es perdurable mas no inmutable”. [27]
Frente a esta última afirmación es que deseamos ubicarnos frente a nuestra propia práctica reflexionando acerca de los supuestos que dan sentido a nuestra tarea con relación al para qué, qué y cómo se enseña, cómo aprenden los alumnos y cómo se promueve la relación con el conocimiento, ya que consideramos que a partir del análisis, que no es simple, ni fácil, podremos desentrañar los modos de pensar y los valores implícitos en ellos.
Expresión: “Para compensar solicito trabajos prácticos”
¿Por qué un trabajo práctico puede permitir a los alumnos compensar lo no aprendido?
¿Cualquier trabajo práctico facilitará la compensación?
Con qué propósito se diseña un trabajo práctico. ¿Por qué este docente elige explicitar el instrumento que utilizará, es que considera que existe una única manera de realizar un trabajo práctico?. Todos sabemos que hay trabajos rutinarios cuyas actividades sólo proponen la repetición o la reproducción de lo que expresa un autor; otros, avanzan, y posibilitan que el alumno, a partir de la lectura y comprensión de la bibliografía, la utilice para resolver situaciones problemáticas, la cuestione, la relacione con sus conocimientos sobre otras teorías o con situaciones de aula. ¿Qué representa la compensación para esta docente? ¿Una acción reparatoria? ¿Una instancia que completa un proceso incompleto? ¿De qué manera supone que cada alumno puede completar su aprendizaje?
Expresión: “Compensa lo que yo quiero”
Quizás esta afirmación implique que el docente tiene claridad acerca de lo que cada alumno necesita conocer y sobre las razones por las que no logró aprender determinados contenidos. Sin embargo también puede implicar que el docente, es quien establece lo que el alumno sabe o desconoce sin detenerse a identificar cuáles son las dificultades y necesidades que ha atravesado en el proceso de aprendizaje vivido.
Es necesario tener en cuenta que, como planteamos en el capítulo I, la evaluación se halla teñida por las relaciones saber - poder y atravesada por una posición ética. La relación evaluación - poder es uno de los nudos críticos que ha atravesado la formación de formadores. En este contexto la afirmación “compensa lo que yo quiero” puede hacer a la compensación un instrumento de exclusión que otorga a quien la ejerce un papel coercitivo que encubre un ejercicio de poder autoritario.
Es así que las prácticas evaluadoras de algunos docentes que determinan el momento, la forma, el contenido, la interpretación de las respuestas sin explicitar los criterios, hacen que dichas prácticas se conviertan en una forma de dominio sobre el otro.
Expresión: “... dando clase como todo el año”
Es probable que este docente esté reconociendo la importancia de la enseñanza en el momento de compensar “saberes”, durante el proceso de enseñanza (compensación preventiva) como al finalizarlo, en la compensación de “lo pendiente”. Pero, ¿qué es dar clase? Implica repetir la tarea que se ha venido realizando, utilizando las mismas estrategias ...
Nos queda claro que esta expresión implica un involucramiento del docente a cargo de la compensación, sin embargo nos cabe analizar si cada profesor habrá reflexionado sobre las diferencias que implica la enseñanza con el grupo total, con respecto a enseñar con el alumno o los alumnos que han manifestado dificultades y que por lo tanto necesitan la generación de espacios diferenciados para alcanzar aprendizajes de calidad, para que la posibilidad de compensar contenidos no se transforme en una acción facilista para el alumno o una instancia de confirmación de la reprobación ya emitida.
Expresión: “... armo grupos heterogéneos para que los alumnos más avanzados ayuden a los que tienen dificultad”
Al analizar esta expresión consideramos que este docente supone que lo que muchas veces las personas son capaces de hacer con ayuda en un momento dado, podrán realizarlo de manera autónoma en un tiempo cercano.
El dispositivo que permite a un docente constituir grupos cooperativos para el aprendizaje se basa en concebir que el proceso de construcción, modificación, enriquecimiento y diversificación de los esquemas de conocimiento que desencadena la participación en la zona de desarrollo próximo puede dar lugar a una reestructuración duradera y a un nivel superior de esos esquemas.[28] Es así que el aprendizaje logrado por cada alumno dependerá, en gran parte, de que la ayuda que reciba se ajuste a sus necesidades, a sus requerimientos. Este concepto transforma al enseñante en el generador de instancias que faciliten el aprendizaje de los alumnos, en síntesis, recupera el propósito de la acción de enseñar.
Expresión: “... en casa, estudiando”
Es muy posible que el docente que se haya manifestado de esta manera suponga que la responsabilidad total del aprendizaje corresponde al alumno. Sabemos que el sujeto individual es el protagonista de su propio aprendizaje, por adaptación de sus esquemas y conocimientos anteriores a las situaciones nuevas, pero no podemos desconocer que la ayuda y la mirada de los otros regulan, en gran medida, estos aprendizajes.
Este es el relevante papel que desempeña el docente al crear las situaciones propicias para el logro de aprendizajes significativos. Cobra relevancia así el diseño de planes de acción que permitan al alumno estudiar utilizando los procedimientos que faciliten su aprendizaje.
Expresión: “Es injusto para el que estudió todo el año, y no faltó a clase”
¿Por qué el docente lo considera injusto? Quizás sea porque supone que cada alumno que reprueba es por falta de dedicación. Es probable que, en algunos casos esto sea cierto, sin embargo muchas veces es necesario también revisar el proceso de enseñanza diseñado, si se ha brindado la ayuda que posibilite la vinculación del contenido a aprender con el bagaje informativo y experiencial de quienes aprenden. Esta ayuda toma la figura de la presentación, por parte del profesor, de retos abordables, desafíos asequibles, problemas que pueden resolverse de modo tal que incrementen la capacidad de comprensión y actuación autónomas de los alumnos.
EXPERIENCIAS Y VIVENCIAS DE LOS ALUMNOS SOBRE LA COMPENSACIÓN
En la indagación realizada entre los alumnos nos propusimos relevar los distintos significados que para ellos adquieren las instancias de compensación en y durante la formación docente.
- ¿Cómo entienden los alumnos a la evaluación y en particular el concepto de compensación?
- ¿Qué significado adquiere para sus prácticas docentes?
- ¿Por qué analizar las representaciones que tienen nuestros alumnos?
Los alumnos expresan:
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- “Especie de evaluación para alcanzar los objetivos propuestos por el profesor.” - “Depende de la concepción del profesor.” - “Para lograr la aprobación anual, promocionar, aprobar.” - “Recuperatorio, te toman lo que rendiste mal para luego dar el final.” - “Para completar conocimientos.” - “Es un tiempo para aprender lo que no aprendí en su momento.” - “El profesor ayuda a los alumnos a superar los aspectos que le resultaron dificultosos en la materia.” - “Si uno no puede prepararse tiene una segunda oportunidad.” .... |
A continuación se analizan algunos de los aspectos considerados más importantes para comprender estos significados. En general podemos afirmar que en la totalidad de los casos se reconoce a la compensación, de manera explícita o implícita, como un período posterior a la cursada de la materia.
Algunos alumnos entienden que la compensación es una especie de evaluación para lograr los objetivos propuestos por el profesor. Los alumnos no hacen referencia a la autoevaluación y no se muestran comprometidos con su propia evaluación.
Consideran que la compensación es una oportunidad más de rendir la materia, a la vez esto es reconocido como la principal ventaja del período de compensación. Por lo general se confunde acreditación y compensación.
Algunos pocos comprenden que el verdadero sentido de la compensación es la posibilidad de que los alumnos comprendan lo no comprendido y superen los obstáculos encontrados en el proceso de aprendizaje con la ayuda del profesor.
Muchos de nuestros alumnos consideran que las instancias de compensación son nuevas oportunidades que el profesor “debe” brindarles para recuperar la materia y no la consideran como una instancia de aprendizaje en la cual ellos tienen protagonismo y responsabilidad.
Entre las instancias que reconocen como “de compensación” mencionan:
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- Evaluaciones y trabajos prácticos. - Parciales recuperatorios de un cuatrimestre. - Instancias de evaluación cada vez más fáciles. - Exposiciones. - Defensa de trabajos. - Coloquios. - ...
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¿Qué sucede con la compensación en las Instituciones de Formación Docente de la provincia de Buenos Aires? ¿Por qué tantas representaciones diferentes, hasta opuestas? ¿Por qué se equipara, casi naturalmente, con la recuperación?
¿Es válida la compensación en las instituciones de nivel terciario? ¿Qué características debe tener la compensación en las instituciones de formación docente? ¿Debe ser diferente de la utilizada en los otros niveles del sistema educativo? ¿Qué trabajar con los alumnos de la Formación docente para que ellos mismos puedan realizar acciones compensatorias con sus alumnos cuando estén a cargo de la tarea de enseñar? ¿Es válido hablar de compensación o la finalidad del proceso de evaluación la incluye naturalmente y discriminarla genera confusión?
ALGUNAS REFLEXIONES EN TORNO A LA RELACIÓN EVALUACIÓN – COMPENSACIÓN
Para comenzar a profundizar sobre los interrogantes planteados en el párrafo anterior, decidimos partir de lo que la normativa sostiene sobre la compensación.
La normativa señala dos tipos de compensación: la preventiva y la vinculada con las acreditaciones pendientes.
La compensación preventiva es aquella que se realiza durante el ciclo escolar y apunta a reconocer las dificultades así como a aplicar diferentes estrategias didácticas que tiendan a la superación de las dificultades detectadas. Su propósito es evitar prematuramente la reiteración de errores. En general, es una acción propia del docente que observa permanentemente su grupo de alumnos con el propósito de validar la enseñanza o de reformularla en función de los obstáculos detectados.
La compensación preventiva está asociada al seguimiento y evaluación que se realiza durante cada cuatrimestre, por lo tanto, se reflejará en la calificación lograda en los informes parciales.
La compensación para acreditaciones pendientes es la que se realiza con posterioridad al ciclo lectivo y para que los alumnos que no alcanzaron las expectativas de logro esperadas cuenten con las condiciones necesarias para acreditar el espacio curricular respectivo.
La normativa también establece los requisitos para acceder a la compensación para acreditaciones pendientes.
A partir de las expresiones de docentes y alumnos transcriptas en los títulos anteriores podemos confirmar nuestro supuesto inicial: en las instituciones formadoras existe confusión sobre lo que implica la generación de un proceso compensatorio y la generación de dispositivos que permitan la compensación de los aprendizajes de los alumnos.
Sin embargo creemos que esta dificultad no se debe al proceso de compensación en sí mismo sino a que, las representaciones sobre la evaluación que prevalecen en profesores y alumnos son las que asocian a la evaluación con una práctica vinculada sólo a la acreditación. Es más tenemos la sensación de que el hecho de haberse incluido el término compensación preventiva, pudo haber generado mayores obstáculos para la comprensión de las funciones de la evaluación. .
Como hemos dicho en la introducción de este capítulo, la esencia de toda actividad evaluadora es su componente axiológico. Evaluar es valorar, lo que implica necesariamente la emisión de un juicio de valor acorde a los marcos axiológicos, tendientes a la acción. Esta valoración es emitida por los docentes, pero, por lo general queda reducida sólo a determinar quien aprueba o no una materia, aún cuando exista abundante bibliografía que sostenga la importancia de que esto no suceda, especialmente en las instituciones de formación docente.
Jean-Marie Barbier plantea en su obra "La evaluación de los procesos de formación" (1993) que el tema de la evaluación constituye uno de los problemas más importantes de la formación pues resulta un campo de prácticas diversas y a menudo contradictorias: prácticas de control, prácticas de promoción de cambios, prácticas de toma de conciencia por parte de todos los implicados.
El autor señala que la evaluación es el "momento fuerte" de la formación, pues las modalidades con que se lleve a cabo expresan tanto el grado de adecuación de los objetivos propuestos como las condiciones (tiempo, espacio, recursos, etc.) en las que se concretan tales objetivos.
Si los objetivos se orientan al desarrollo de un conjunto de capacidades de los docentes - capacidades para analizar las situaciones de aula, para organizar los contenidos y los recursos, para tomar decisiones de enseñanza, etc.-, las actividades de evaluación constituirán verdaderas oportunidades para generar conocimientos vinculados con el desarrollo de dichas capacidades. Si, por el contrario, la evaluación se resuelve en una última actividad de explicitación de concepciones y teorías y/o de análisis de una situación dada, seguramente y a pesar de intenciones en contrario, será la expresión de un modelo transmisivo de formación centrado en adquisiciones.
Es así que, no debe perderse de vista, tal como sostuvimos al inicio de este capítulo que el objeto central de la evaluación es la explicación y comprensión de una situación educativa. Por ello la evaluación posibilita: regular la enseñanza, orientar el aprendizaje y acreditar el rendimiento.
A partir de nuestras conclusiones hemos decidido incluir algunas recomendaciones y sugerencias para resignificar las prácticas evaluativas que prevalecen en las instituciones de formación docente, a pesar de que en muchas conocen las concepciones actuales sobre el tema.
SUGERENCIAS Y PROPUESTAS
Consideramos que es muy importante que las instituciones de formación docente en general y los profesores en particular en relación con la temática de evaluación y compensación, tengan en cuenta que:
o El proceso de evaluación en las instituciones terciarias adquiere gran complejidad.
o Es necesario trabajar en profundidad sobre sus prácticas evaluativas y que durante el proceso de elaboración de su plan institucional de evaluación partan de analizar lo que efectivamente hacen, por qué lo hacen y cómo. Es aconsejable que en la elaboración del plan participen docentes y alumnos con un sólido compromiso de revisión de las prácticas cotidianas.
o Existe variada normativa sobre evaluación que debe interpretarse desde el sentido pedagógico formativo de la evaluación para hallar una adecuada resolución en la práctica ya que la experiencia nos muestra que la existencia de normas, hace que para la mayoría de los docentes y alumnos, la evaluación tenga una naturaleza predominantemente normativa y externa al proceso de aprendizaje, cuando en realidad esas normas encuadran siempre decisiones pedagógicas.
o Toda instancia compensatoria debe entenderse como una posibilidad para optimizar el aprendizaje de cada alumno que la necesite y no como una instancia facilista para lograr la aprobación; además debe partir de un acuerdo con cada alumno que implique una toma de conciencia sobre su propio proceso de aprendizaje.
o Tanto las prácticas de evaluación como las prácticas de enseñanza y de funcionamiento institucional brindan un modelo posible para que el alumno (futuro docente) las contraste con los internalizados durante su escolaridad previa. Es relevante recordar que las concepciones y las prácticas evaluativas son también formativas para el alumno, en tanto se inscriben en su biografía escolar, producen quiebres de modelos anteriores, y se constituyen en propuestas para implementar en el futuro desempeño laboral.
o A pesar de que la evaluación es una temática conocida por todos los docentes, es necesario que cada profesor especifique a sus alumnos y a sus colegas, por ejemplo la concepción de evaluación en la que fundamenta su tarea, o la finalidad que tiene la utilización de los distintos dispositivos que selecciona para evaluar a sus alumnos.
o La información que surge de un proceso evaluativo permite tanto regular la enseñanza como orientar el aprendizaje y acreditar el rendimiento.
o Diseñar las propuestas de evaluación implica un complejo proceso de trabajo reflexivo del docente que reconoce que no le es posible evaluar todo, pero que necesita elegir qué evaluar y cómo hacerlo superando las prácticas que legitiman como evaluatorios sólo a los momentos diferenciados (exámenes parciales y finales) que se ven como culminación de la enseñanza con lo cual se pierde mucho de su riqueza funcional. No es posible ni deseable evaluar todo, pero es indispensable elegir qué evaluar y cómo hacerlo.
o La compensación implica el diseño de diferentes dispositivos y acciones de apoyo que cada docente acordará con el o los alumnos en cada circunstancia.
o Es necesario que tanto docentes como alumnos analicen la función compensadora en el Nivel Superior tomando como punto de partida los supuestos implícitos en las prácticas de compensación y así desarrollar la reflexión y el pensamiento crítico; que se utilicen estrategias didácticas que planteen la resolución de problemas o se planteen interrogantes que favorezcan el aprendizaje autónomo y la posibilidad de metacognición.
o El proceso de evaluación incluye la compensación, como un momento de producción de aprendizajes, por lo tanto será importante promover y acordar institucionalmente acciones de intervención pedagógica para que el alumno reconozca en forma crítica y reflexiva los saberes que no ha aprendido en los tiempos institucionales previstos.
o Es importante diferenciar evaluación de acreditación. Si bien la evaluación está asociada con la acreditación de logros y la promoción de los alumnos, su significado excede esta óptica.
o La promoción es consecuencia de la acreditación y ésta de la evaluación. Tanto una como la otra se basan en dispositivos que permiten evaluar. Los mismos se ponderan de distinta manera teniendo en cuenta el tipo de pruebas elaboradas, las que están en relación con las expectativas de logro formuladas por quien evalúa.
o Replantear la acreditación y no reducirla sólo a los momentos de examen. Generar dispositivos integradores que planteen problemas reales y de complejidad creciente, para evaluar la capacidad crítica, la creatividad en la resolución de situaciones nuevas, el sentido práctico y la transposición de conocimientos en distintos contextos.
o Los dispositivos de evaluación que permiten la acreditación y promoción de los futuros docentes sean producciones que integren los contenidos y faciliten la resolución de problemáticas teóricas y/o prácticas. Deben contemplar instancias escritas, orales, individuales, grupales, presenciales y de resolución no presencial. De esta manera se tendrá cierta certeza en garantizar la evaluación de las capacidades para el desempeño docente en el aula, la institución y el medio social en el que está inserta.
o Es importante realizar una devolución sobre los logros y desaciertos a los alumnos que posibiliten un intercambio de opiniones sobre el proceso transitado por cada alumno, permitiendo que cada alumno tome conciencia respecto de sus aprendizajes y el profesor convalide o genere rectificaciones del proceso de enseñanza instrumentado.
Algunas propuestas de actividades de evaluación que facilitan la reflexión
¿Qué deberían aprender los alumnos sobre la evaluación? Siguiendo a Litwin, los estudiantes deberían comprender que la evaluación es esencialmente una toma de conciencia de los aprendizajes adquiridos. El alumno, durante su formación docente, a la vez que aprende y es evaluado en relación con determinados contenidos se apropia de maneras de comprender y entender la enseñanza y el aprendizaje.
Será importante, entonces, dedicar parte de nuestro tiempo a analizar sus producciones, es decir a la compensación preventiva. De esta forma ayudaremos a los alumnos a que comprendan en qué situación están, qué saben, qué pudieron aprender, qué no han logrado en los tiempos previstos. Sabrán qué temáticas deben continuar estudiando y aprendiendo sin necesidad de llegar al último día de clase.
Llevar a cabo una instancia de evaluación en el aula nos permite, como enseñantes, revisar nuestras prácticas, lograr información para la toma de decisiones que debieran tenerse en cuenta para el planeamiento cotidiano o bien para efectivizar los ajustes pedagógicos necesarios a la hora de subsanar ciertas dificultades inherentes al proceso de enseñanza y de aprendizaje, facilitando de esta manera la superación de dificultades.
Cuando un docente detecte que un alumno tiene dificultades en su proceso de aprendizaje que se reflejan en sus evaluaciones es aconsejable que genere instancias que le posibiliten superarlas, entre otras propondrá, por ejemplo el trabajo con un grupo de pares que puedan actuar como tutores, o diseñará encuentros diferenciados o les recomendará bibliografía complementaria o cualquier otra estrategia que facilite el aprendizaje de los alumnos...
A continuación presentamos algunas propuestas de actividades que facilitan los procesos de evaluación y promueven instancias de compensación preventiva. Estas propuestas fueron elaboradas por profesores de diferentes Institutos, y podrían ser utilizadas en el período de compensaciones pendientes.
Profesorado de Primero y Segundo Ciclo de la EGB.
Ciencias Naturales y su Enseñanza.
Segundo año.
Trabajo para realizar en parejas.
Lea comprensivamente dos situaciones que se desarrollan en diferentes aulas de cuarto año de la EGB con docentes distintas.
Situación de aula A:
El maestro inicia la semana conversando distendidamente con los alumnos.
Uno de ellos le dice: -¿Vio, Seño, que es el invierno más frío de los últimos años?
El maestro le pregunta por qué lo dice y cómo lo sabe. El alumno le responde que lo leyó en el diario.
El maestro hace extensiva la pregunta al resto de los chicos, muchos de los cuales dan sus opiniones. Pregunta, entonces, cómo se puede hacer para saber si la afirmación del diario es cierta o no lo es.
Varios alumnos hacen propuestas diversas, discuten, intercambian, hacen acuerdos.
A partir de allí, acompaña a los alumnos durante la semana, en un trabajo de búsqueda y procesamiento de datos estadísticos acerca del tema en los últimos cincuenta años, y de elaboración de conclusiones.
A la semana siguiente, a partir del comentario de otro alumno sobre los terremotos de El Salvador e India, desarrolla una secuencia similar centrada en la identificación y la comparación de escalas para medir la intensidad de los temblores de tierra.
Situación de aula B:
La maestra inicia la clase diciéndoles que les va a enseñar la clasificación de los animales según su tipo de alimentación.
Los alumnos se entusiasman porque le gustan los animales. La maestra explica que algunos comen carne y se llaman carnívoros; los herbívoros, hierbas; y los que comen de todo, omnívoros.
Realiza un cuadro en el pizarrón y propone ejemplos de diversos y variados animales, siempre explicando por qué se ubican en esa clase. Los alumnos escuchan con atención, y luego copian en sus cuadernos lo que la maestra registró en el pizarrón.
Dicta una serie de animales, para que los alumnos los ubiquen según su alimentación.
A la clase siguiente, desarrolla una secuencia similar centrada en la clasificación según su reproducción.
Analice ambas situaciones y explique los enfoques utilizados por ambas docentes.
Recuerde leer la bibliografía sugerida y trabajada durante el año.
Para realizar este análisis, el alumno tiene que estudiar el enfoque del área y la didáctica adecuada a cada uno de estos contenidos. Es una manera de promover la profundización de la lectura de los textos con el objetivo de reconocer los enfoques en situaciones concretas de aula.
Esta actividad puede proponerse a aquellos alumnos que no aprendieron el contenido; es interesante que elijan un compañero de trabajo y la desarrollen en su casa, con el asesoramiento del profesor. El alumno puede entregar el trabajo y recibir las orientaciones que el profesor considere necesarias para su elaboración durante el año, sin esperar a tener una acreditación pendiente. El instrumentar un proceso de compensación preventiva facilita que cada alumno, una vez superada esta dificultad, encuentre las estrategias para continuar aprendiendo.
¨ Relato anecdótico

Profesorado de Educación Inicial.
Espacio de Construcción de la Práctica.
Primer año.
Elabore un relato de lo observado en la institución a partir de lo registrado.
Reúnase con un grupo de compañeros, alrededor de cuatro integrantes.
Relean y comenten el capítulo “La cultura institucional escolar” de Graciela Frigerio, Margarita Poggi y Guillermina Tiramonti, Las instituciones educativas. Cara y ceca. Editorial Troquel. Buenos Aires. 2000.
Por último, realice el análisis del relato.
A lo largo del año, se trabajan diversos textos, y es necesario leerlos y comprenderlos para continuar con los siguientes contenidos. Es por ello que es preferible proponer una compensación preventiva, en la que el alumno junto a un grupo de compañeros logra aprender lo que no pudo en su momento.
En esta sugerencia aparece la estrecha vinculación entre práctica y teoría; la primera funciona como la fuente de información de la cual se nutre la teoría y ésta es el soporte que facilita la comprensión de los procesos cotidianos.
El alumno aprende el contenido que corresponde a este espacio, y también una manera de estudiar y entender como analizar la institución escolar.
¨ Elaboración de una propuesta

Profesorado de Tercer Ciclo de la EGB y de Educación Polimodal en Matemática.
Matemática y su enseñanza.
Primer año.
Relacione la secuencia didáctica de Resolución de situaciones problemáticas con los momentos de una clase.
Elija un contenido estudiado y elabore un plan de clase siguiendo esos pasos
En este dispositivo el alumno tiene que hacer una transferencia de una bibliografía trabajada y producir un nuevo conocimiento.
Se sitúa al estudiante frente a una situación que vivirá cotidianamente. El conectarlo con la tarea áulica le permite estudiar conociendo la necesidad e importancia de este aprendizaje; es necesario que conozca la secuencia didáctica para desarrollar la clase.
¨ Lectura comprensiva de imágenes: Videos, películas, grabaciones

Primera unidad: Análisis de Prácticas Docentes
a) Miren “El espejo tiene dos caras” de Bárbara Streisand y coméntela con el pequeño grupo.
b) En una segunda oportunidad deténganse en los siguientes momentos:
· El profesor coordinando la clase : preste atención desde un comienzo de la película, cuando se presentan los títulos.
· La profesora coordinando su clase.
· La profesora aconsejando al profesor: especialmente cuando están en su aula.
· El profesor coordinando su clase al finalizar la película.
c) Describan, lo más exhaustivamente posible, las cuatro situaciones.
d) Enuncien las diferencias que hay entre ellos.
e) Analicen y relacionen con lo estudiado en esta primer unidad.
f) Expliciten el sistema didáctico en las clases observadas.
g) Establezcan las relaciones pertinentes con la tipología de escuelas trabajada.
Para realizar este análisis el alumno deberá recorrer el material bibliográfico trabajado, como está puntualizado, durante la primera unidad. El hacerlo con un grupo de pares contribuirá a facilitar su comprensión ya que podrá aclarar sus dudas, confrontar opiniones, y tal vez a solicitar asesoramiento al profesor de la cátedra correspondiente.
¨ Portafolio

Profesorado de Tercer Ciclo de la EGB y de Educación Polimodal en Historia.
Espacio de la Práctica Docente
Tercer año
Las actividades que se realizarán en el año en el Espacio de la Práctica Docente deberán ser sistematizadas en un Portafolio. Por ello prepare sus registros de observaciones, propuestas de clase y síntesis de lectura con sus respectivos análisis, de modo de contar con un recurso metodológico para la evaluación.
Se podrán incluir apreciaciones personales y conclusiones elaboradas durante la cursada de la materia .
Es una actividad adecuada para promover procesos de reflexión y análisis de la práctica, entre otras. Consideramos el portafolio en términos de la sistematización de los aprendizajes a lo largo de un espacio o perspectiva.
El registro de la experiencia cotidiana se convierte así en un recurso metodológico, tanto para la enseñanza como para la evaluación. Facilita el aprendizaje autónomo de los alumnos del Nivel Superior.
Tiene por objeto:
- La realización de focalizaciones sucesivas en la problemática que se aborda, sin perder de vista el contexto y las condiciones en la que se concreta el proceso de gestión de la enseñanza.
- El desarrollo de los niveles descriptivos, analítico- explicativos y valorativos del proceso de investigación y reflexión sobre la práctica docente, tanto la observada como la propia.
- El establecimiento de relaciones significativas entre el conocimiento práctico y el conocimiento disciplinar y pedagógico.
- La toma de conciencia del alumno sobre su proceso de aprendizaje.
- La explicitación de las razones sobre la toma de decisiones vinculadas con la gestión de la enseñanza.
¨ Reelaboración de propuestas

Práctica Docente.
Segundo año.
Elija una clase observada por su profesor de Práctica y reelabore el plan de clase teniendo en cuanta sus observaciones y orientaciones.
Recuerde recorrer el material bibliográfico sugerido.
Este trabajo parte de la reflexión de lo actuado en situación de clase. El alumno realiza una relectura de su experiencia y del material bibliográfico con el propósito de mejorar su práctica futura. El análisis de vivencias, experiencias y situaciones desde el marco teórico pertinente favorece la vinculación entre la teoría y la práctica, en donde la primera es el soporte que facilita la comprensión de los procesos cotidianos y es receptora de las problemáticas y cuestionamientos que surgen entre los alumnos y la segunda, funciona como la fuente de información de la cual se nutre la teoría.
La reflexión acerca de las relaciones entre el conocimiento basado en la investigación y los desarrollos teóricos, y el conocimiento elaborado en la experiencia directa apunta al fortalecimiento profesional de la docencia y a la toma de decisiones fundamentadas en la acción de enseñar. Esta relación teoría- práctica se manifestará en una nueva propuesta y permitirá al estudiante superar errores o dificultades específicos.
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En este capítulo se desarrollará la temática institucional a partir de considerar a la institución como el escenario donde se pone en juego el trabajo de evaluación . Si utilizamos como metáfora al teatro, en él se habla de escenario en referencia al lugar en el que ocurre o se desarrolla un suceso, al espacio en el que se representan las obras dramáticas.
Entre otros elementos, encontramos en el escenario teatral:
Ä Actores que desempeñan roles
Ä Un director que organiza, distribuye roles, realiza una propia interpretación del texto y dirige la actuación de los actores en función de ella.
Ä Un texto, que desarrolla el argumento, que explicita los conflictos. A través de él, se manifiestan los actores
Ä Una escenografía que enmarca y otorga sentido a la trama que en él se desarrolla. Contextualiza la obra, le otorga significado.
Ä Espectadores, con distintos grados de participación de acuerdo a las implicancias personales que la obra le produce y la propuesta le permite. Son los destinatarios de la obra.
Al igual que en el teatro, el escenario institucional es el espacio que enmarca y posibilita el desempeño de los roles de los integrantes, el desarrollo de la organización y el cumplimiento de las funciones especificas de la institución. Estas funciones constituyen una solución particular que la sociedad ha construido para un conjunto determinado de problemas. En el caso de las instituciones educativas, esta función tiene un claro mandato pedagógico. Dice Lidia Fernández.[29]
Como institución social la escuela es portadora de un mandato social genérico: asegurar la continuidad de la comunidad que la sostiene, a través de la transmisión de la cultura que la define como tal.
Pero no sólo la función específica define a las instituciones en general y las educativas en particular. Lidia Fernández señala como componentes constitutivos básicos de una institución educativa:
Ä Un espacio físico: es el ámbito dentro del cual se desarrolla la tarea institucional.
Ä Un conjunto de personas: son los actores, personas o grupos que llevan adelante la tarea institucional. Estas personas o grupos tienen sus propias características psicológicas, profesionales, personales, ideológicas.
Ä Un proyecto vinculado al modelo de hombre y de mundo, expresado en un curriculum.
Ä Una tarea global: relacionada con los fines específicos, y que determina una división del trabajo y de distribución de responsabilidades. Esto origina una distribución interna del poder ( micropolítica institucional).
Ä Un sistema de organización: pautan la conducta de los actores, regula las relaciones, proporciona normas de funcionamiento. Tienen especial importancia en las instituciones educativas, entre otras:
- el sistema normativo
- el curriculum en sus distintos niveles de concreción
- el sistema de comunicación
- los fines y objetivos
- los sistemas de evaluación
Y además:
Todo esto funcionando en un especial espacio geográfico, en un particular tiempo histórico y en el nivel simbólico de una particular trama de relaciones. [30]
La interacción de estos componentes constitutivos básicos a lo largo del tiempo, arroja como resultado la instalación de lo que, de manera genérica, podría llamarse cultura institucional. Ella determina una manera particular e histórica de organizar y llevar a cabo la función específica; una determinada manera de “hacer” o “no hacer”. Aparece explicitada en expresiones como: “En este instituto las cosas siempre se hicieron así”. “Esta manera de trabajar siempre nos dio resultado”.
Si bien lo descripto anteriormente definen un perfil institucional, le confieren un estilo de funcionamiento propio, una idiosincrasia particular , es necesario agregar que una institución no existe como producto acabado, por el contrario están en permanente proceso de deconstrucción, reconstrucción y construcción. Si bien hay practicas instaladas, siempre operan fuerzas de oposición.
Son las corrientes institucionalistas francesas las que han incorporado este punto de vista dialéctico al análisis de las dinámicas institucionales. Ellos proponen la discriminación entre lo instituido y lo instituyente. Lo instituido lo establecido y la tendencia a conservarlo, lo instituyente es el cuestionamiento de lo instituido, la tendencia a la renovación.
Es en el funcionamiento institucional, en la dinámica institucional donde se pone de manifiesto el interjuego entre estas dos fuerzas. Lo instituido aparece entonces como lo reglado, como las normas de funcionamiento históricamente construidas; pero también surge lo instituyente como fuerza de oposición a lo instituido. Los actores instituyen acciones para abordar problemas de un modo diferente a las normas instituidas.
Por esto puede decirse que ambas fuerzas son opuestas y complementarias ya que de su interjuego dinámico, surgen los procesos de innovación y cambio.
Lo institucional se presenta entonces como un escenario, donde se despliega el conflicto provocado por la tendencia a encubrir o develar ciertas significaciones y por la tensión que se manifiesta cuando se pretende, desde algún lugar, cambiar lo establecido.
Modificar posicionamientos enquistados en la institución, requerirá de negociaciones y ajustes para poder conciliar los requerimientos y posibilidades individuales de las/os docentes y las/os alumnas/os y las necesidades institucionales, de manera tal, que conlleven a una verdadera transformación pedagógica. Aparece así la idea de los acuerdos institucionales en los que se ponen en juego las diferentes posturas ideológicas, pedagógicas y personales de los implicados en el acuerdo.
Es difícil definir qué significa acordar. Podemos entenderlo como: ausencia de diferencias; ilusión alta de igualdad; contrato ligado a la idea de promesa; acallar lo diferente; trueque “yo te doy y vos me das...”; acotar; situar; elegir sólo un aspecto....
Introducir los acuerdos institucionales, significa trabajar desde lo instituido, es decir, partir de lo que realmente “somos” para tener una clara visión de hacia donde vamos. Requiere discutir desde una postura ideológico política definida, tratando de que aparezcan también “los desacuerdos”, para ver qué debemos hacer con ambas posiciones.
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Sería necesario entonces, que las significaciones y los valores dominantes, sean el producto de un proceso de discusión y búsqueda de acuerdos entre todos los actores de la Institución.
CONSENSOS Y CRITERIOS DE EVALUACIÓN
La importancia de la construcción compartida de consensos
La institución escolar encuentra en la heterogeneidad de sus miembros el principal recurso para generar proyectos pedagógico-institucionales, para avanzar en su construcción y mejoramiento, para enriquecerlos, para definir vías alternativas de abordaje y resolución. Pero dicha heterogeneidad es también uno de los desafíos más relevantes a la hora de aunar criterios y de alcanzar una visión compartida sobre los objetivos a alcanzar y los procedimientos a priorizar, a la hora de acordar las estrategias generales a implementar en los distintos ámbitos y procesos organizacionales.
Se hace necesario, entonces, afirmar a la escuela como espacio común de lo diferente. La cuestión es, en realidad, cómo entendemos enriquecer un proyecto común a partir de esas diferencias, cómo habremos de respetar la autonomía de los distintos actores.
Esta dimensión intersubjetiva, esta trama siempre dinámica de interacciones, comporta un incesante proceso de negociación, de redefinición de juicios y estrategias individuales y grupales, con el consiguiente replanteo de actitudes y alianzas. La identidad y cultura de la institución, sus valores propios y su particular historia y perfil sociocultural, harán las veces de marco referencial o “macro-criterio”, actuando como factor regulador y modelador sobre la dinámica de tales procesos colectivos.
Todo esto hace posible comprender que el rumbo pedagógico- institucional, el conjunto de las actividades y estrategias específicas, no sea arbitrario. La definición de dicho estilo, su modalidad generalizada de asunción, está mediada por la participación de los propios actores. Encontrándose inmersos en un campo dinámico de incesantes interacciones, la perspectiva propia de cada docente se encuentra sometida al juego de aportes, análisis críticos y sugerencias de los otros miembros, especialmente de sus pares, sobre ámbitos de experiencias comunes. En tales interacciones se puede usufructuar del aval del contraste, de la pluralidad de enfoques y de una diversificación de estrategias en la actuación pedagógico-institucional.
Cuando las acciones son colectivas resulta imprescindible contar con un acuerdo sobre los objetivos comunes a realizar y las estrategias a seguir. Sin una definición compartida sobre estos aspectos básicos, se hará difícil para el conjunto de los miembros, percatarse de las oportunidades y de los riesgos o debilidades realmente significativas. Sin una tarea de reflexión y autoevaluación conjunta, de toma de decisiones y diseño coparticipado, todo esfuerzo de mejora será infructuoso, ya que se carecerá de un punto de referencia previamente acordado para una estimación comparativa sobre lo avanzado. Sin un proceso de elaboración intersubjetiva es imposible evaluar la situación presente y especular sobre estrategias posibles de cambio.
El empeño de construcción de acuerdos, demanda la identificación y análisis de los factores críticos, de las condiciones de conflicto y de los elementos que introducen rigidez en procesos y situaciones de la vida colectiva. Presupone entonces, propiciar las condiciones necesarias para que cada miembro pueda reflexionar acerca del sentido de sus prácticas habituales y su relación con tales aspectos críticos. Una fructífera participación de los actores institucionales en la dinámica colectiva, sólo se consigue cuando éstos sienten la necesidad (provocada o espontánea) de llevar a cabo dicha reflexión y constatan que se habilitan, en cantidad suficiente, vías alternativas para la implementación de los cambios necesarios.
Con enfoques institucionales que alienten las elaboraciones alternativas, divergentes y la exploración crítica de propuestas de cambio, resultará imprescindible el ejercicio del pensamiento crítico, configurándose un escenario de participación e interacción, donde las diferencias buscarán reconocerse para complementarse y potenciarse en la construcción de proyectos comunes.
En estas instancias de participación democrática resulta de mayor importancia el proceso mismo del análisis compartido, el proceso de construcción de esa intersubjetividad, que los acuerdos o resultados puntuales que se puedan formalizar y concretar. La relevancia, a nivel institucional, de las decisiones definidas de esta manera, viene dada precisamente por su carácter de elaboración consensuada.

Esto es así, porque sólo en un escenario de elaboración intersubjetiva habrán de quedar indicados, de manera explícita o no, criterios de valoración que se habrán de reconocer para su aplicación a cualquier proceso de índole pedagógica que se desarrolle en el marco de la dinámica institucional. Es decir, la tarea de avalar colectivamente categorías de análisis, encuadres interpretativos y estrategias de intervención, se resuelve primariamente sobre la emergencia negociada de tales criterios o parámetros.
En esta búsqueda de acuerdos surgirá la interrogación sobre el sentido y el valor de los enfoques, categorías y criterios de evaluación institucionalmente imperantes y sobre las posibilidades de promover cambios acerca de los mismos. El análisis compartido, se potencia discutiendo los criterios de valor de las acciones educativas, de los resultados que se alcanzan y de las condiciones en que el proceso de enseñanza-aprendizaje se desarrolla. Resultará imprescindible que los docentes podamos contrastar los propios criterios empleados en la evaluación del desempeño y progreso de nuestros alumnos, ayudándonos mutuamente para aumentar las propias percepciones y llevando a cabo un ejercicio de captación e interpretación de las intervenciones pedagógicas. Se tratará de un verdadero proceso de capacitación profesional, basado en una tarea de indagación cualitativa.
El valor de los criterios en las prácticas evaluativas
Cada situación de aprendizaje, cada actividad o elaboración que nuestros alumnos afrontan nos interpela, como docentes, sobre cuáles son los criterios que nos han de permitir reconocer su concreción y que nos han de ayudar a comprender su valor.

Los criterios explicitados a los estudiantes, permiten al docente emitir un juicio acerca del valor de la tarea desempeñada, posibilitando eventualmente una corrección globalizada integral, más acorde con la significación de una elaboración compleja.
Subrayamos el valor de explicitar los criterios a los estudiantes y, en especial, aquellos que consideramos implícitos (por ejemplo, la forma de presentación, la ortografía). Reconocer el valor de estos criterios en los momentos de evaluación nos lleva a aceptar el verdadero lugar que ocupan y a no utilizarlos para reafirmar nuestras ideas previas sobre la valoración de algunas producciones.
Nuestro compromiso ético en las prácticas evaluativas pasa por la construcción coparticipada de criterios, que nos posibilite la obtención de información confiable y útil para orientar un proceso de mejora en los aprendizajes y en las estrategias de enseñanza. Dicho compromiso alude a la búsqueda de la equidad, a un reconocimiento integral de la actuación del alumno desde el lugar del acompañamiento. Muchas veces los docentes consideramos pertinente evaluar teniendo en cuenta el progreso de cada alumno, su particular esfuerzo. En otros casos se adopta un criterio normativo: el mejor trabajo del grupo obtiene la nota máxima sirviendo de parámetro comparativo para evaluar al resto, con lo cual se está obrando sobre un rendimiento sin historia, de espaldas a todo otro reconocimiento.
El problema reside en que muchas veces echamos mano de una diversidad de criterios para justificar una nota que hemos construido previamente. Hace a la equidad de las prácticas evaluativas el utilizar criterios diferentes de manera coherente, atendiendo a la particularidad de cada caso. Lo que se rechaza es, en términos de Litwin [31], “...toda forma de evaluación que implique la búsqueda confirmatoria de nuestras suposiciones.”
Los procesos evaluativos no son, por lo tanto, un problema de racionalidad técnica, sino de índole ideológica así como ético-vincular.
La evaluación es un trabajo cotidiano, un factor de transformación y mejora, pero para emprender este proceso de construcción compartida de conocimiento, los docentes debemos desarrollar y afianzar competencias y estrategias metacognitivas: qué tipo de evaluación trabajamos y por qué la estamos trabajando, abordando también el tema de la congruencia entre lo que enseñamos y lo que evaluamos, entre cómo enseñamos y cómo evaluamos.
Deberíamos acordar criterios de evaluación en cada espacio disciplinar, en función de las competencias que han de ser trabajadas, pero tendríamos también que contemplar estrategias variadas en las prácticas evaluativas, con el fin de desarrollar en nuestros alumnos de Formación Docente competencias de orden metacognitivo: por qué estamos trabajando de esta manera el proceso de evaluación con relación a esta temática, y cuál es el sentido pedagógico de esa elección. Es decir, el momento de la evaluación como una instancia en la construcción de conocimiento.
Los criterios que utiliza una cátedra podrían, según Litwin, no explicitarse de antemano, y ser parte de la situación de aprendizaje, que los estudiantes analicen su propia actuación, contando con los criterios que utilizó el docente. Al leer de esta particular manera las correcciones a su trabajo, los alumnos estarían en condiciones de afrontar el análisis de sus posibilidades individuales.
Vemos nuevamente la oportunidad de transformar la evaluación en un acto de construcción de conocimiento: cada alumno, a partir de analizar la buena resolución, construye su propio saber referido a su actuación, tomando conciencia de sus aciertos, de sus aportes creativos, como también de sus limitaciones y debilidades.
En otras ocasiones, compartir con los estudiantes la construcción de criterios evaluativos, e incluso solicitar que sean ellos quienes formulen también la propuesta de resolución buscando en todos los casos su valor frente al conocimiento, genera un auténtico desafío y recupera la evaluación como una herramienta para la enseñanza.
Sólo una participación activa ha de permitir a los estudiantes asumir la responsabilidad en su propia evaluación. A este respecto se los deberá ayudar en “la adquisición de información relevante respecto de las realizaciones personales”. Esta corresponsabilidad implicará entonces “no adjudicarse por parte del docente el “derecho” a la evaluación” y sí, en cambio, contribuir desde su propio lugar a la construcción conjunta del conocimiento evaluativo.
El docente tratará de entender la marcha de los procesos de apropiación del alumno precisamente desde el interrogante de cómo participó él y qué actuaciones comprometió para su logro.
El conocimiento, con dichas condiciones de producción, ya no busca sólo la certeza sino también la creatividad, la comprensión antes que la predicción, revalorizando la complementariedad de los roles, potenciados precisamente en el esfuerzo por mejorar desde el lugar de la colaboración. Esto adquiere mayor relevancia cuando se trata de la formación de docentes, futuros evaluadores.
La cultura organizacional y los acuerdos sobre evaluación
Con esta introducción nos proponemos presentar la cultura de la organización –según Etkin y Schvarstein- como un marco de referencia compartido, con valores aceptados, modos de pensar comunes, actuaciones esperables en relación con situaciones concretas asumidos por los miembros de una institución. Así, la cultura señala las preferencias globales que orientan a la organización.
A este respecto, es bueno que nos pensemos en situación de cotidianeidad en las instituciones en las que desarrollamos nuestra tarea docente, tomando decisiones, observando la tarea del otro desde los supuestos de cada uno, evaluando desde determinados criterios, etc.
Asimismo la cultura es un componente activo y movilizador de la organización, es un recurso que se forja y se modifica en la cotidianeidad de las relaciones internas y externas. Reiteramos, es un recurso, generado y dinamizado por los participantes.
Respecto de los acuerdos en la institución –comprendidos estos como formas de relación y asociación entre los partícipes de la cultura - pueden presentarse distintos escenarios para su logro. Para su análisis, tomaremos el concepto de Andy Hargreaves[33] de “cultura profesional docente”. Este autor distingue entre forma y contenido de la cultura profesional de los docentes.
El contenido consiste en los valores, las creencias, los hábitos, las normas compartidas, los supuestos, las formas de hacer las cosas, que comparten los miembros de una institución. Este contenido no es otra cosa que el conjunto de soluciones generadas por la institución a lo largo de su historia, y que todos sus miembros comparten. La forma de la cultura profesional, consiste en patrones de relaciones entre colegas, formas de asociación que se dan entre los profesores. Es a través de la forma donde se reproducen y redefinen los contenidos de la cultura de modo que un cambio en uno de ellos impacta en el otro.
Esta distinción es de suma importancia porque es a través de los patrones de interacción donde se dará la posibilidad o no de realizar acuerdos y es, por lo tanto, donde focalizaremos la mirada.
Hargreaves distingue las siguientes cuatro grandes formas de cultura profesional docente:
Ä Individualismo
Ä Balcanización
Ä Colegialidad forzada
Ä Colaboración
Tomando esta caracterización, podrían mencionarse a través de pares dialógicos[34] las tensiones culturales que se ponen de manifiesto. A su vez podemos considerar como referencia para el tema que nos ocupa en este documento, algunas instancias significativas a la hora de observar nuestras prácticas evaluativas.
Par 1:
Del individualismo a la individualidad
El individualismo se caracteriza por el aislamiento y el secretismo de la tarea docente. Es la cultura del profesor trabajando en forma aislada, a puertas cerradas, sin contacto con sus colegas y sin saber lo que hacen otros. Esta forma cultural de trabajo docente, actúa como barrera u obstáculo para el desarrollo profesional, la implementación de cambios y el desarrollo de misiones compartidas en la institución.
Esta forma de cultura viene determinada, desde lo institucional, por la estructura edilicia segmentada, por la tradición que legitima el trabajo individual, por los modelos de organización celular. También operan causas personales como, a modo de ejemplo, falta de confianza de los profesores en la eficacia de su tarea. Esto los lleva a aislarse para evitar la mirada del otro.
Pensemos como puede ponerse de manifiesto esto en las prácticas evaluativas de nuestras instituciones. Puede suceder que cada profesor las de nosotros realice “en soledad dentro del aula” y quedar así recluidas en el conocimiento del alumno y el docente.
Si bien es cierto que el individualismo constituye una barrera para la mejora y la innovación, también es cierto que muchos cambios devienen de intervenciones individuales. En este sentido no hay que confundir individualismo con individualidad. Muchas tareas profesionales requieren de una etapa de soledad temporal, un aislamiento estratégico para reflexionar, estudiar, hacer una investigación bibliográfica.
No se trata entonces de ahogar la individualidad de los profesores sino de potenciarla, rescatar y poner a consideración todas y cada una de las formas de evaluación, su finalidad, los resultados obtenidos y los ensayos con distintos dispositivos, con el fin de pulir producciones individuales, lograr acuerdos mínimos y otorgar a los “Planes de evaluación institucional” su verdadero sentido y significatividad.
Par 2:
De la colegialidad artificial a la flexibilidad
La colegialidad se torna en artificial cuando el trabajo conjunto no surge en forma natural ni deseada por los profesores, sino por requerimientos externos. Pensemos, como ejemplo, en las reuniones institucionales cuando el trabajo de por sí no es autoconvocante, o no surge por la necesidad de los docentes.
Hargreaves señala que una de las consecuencias de la colegialidad artificial es la burocratización de la tarea, es decir el cumplimiento formal de la misma. Esto la torna inflexible e impide la potenciación profesional de los docentes.
Superar la colegialidad artificial supone asumir como propias las tareas encomendadas, encuadrándolas en el contexto institucional. Para esto se requiere de una toma colectiva de decisiones, confiar en las propias posibilidades y valorar las prácticas y saberes del equipo docente. En otras palabras, flexibilizar los requerimientos externos, para convertirlos en una oportunidad para el enriquecimiento profesional.
En el caso del Plan Institucional de Evaluación, se torna inflexible cuando su elaboración se transforma en un hecho de cumplimiento burocrático más que en una oportunidad para los acuerdos.
Par 3:
De la balcanización a la desbalcanización:
Hargreaves utiliza el término “balcanizada” para asemejar esta forma de cultura profesional a las circunstancias bélicas ocurridas en la zona de los Balcanes. Esta es una forma de cultura que se caracteriza por la existencia de grupos de profesores que a menudo compiten entre si y que buscan posiciones de supremacía respecto de los demás grupos.
De este modo pueden conformarse grupos tales como:
Ä Profesores del espacio de la práctica
Ä Profesores de las áreas curriculares y, más específicamente, los profesores de matemáticas, de lengua, etc.
Ä Profesores de las diferentes carreras
Ä Profesores del mismo espacio pero con diferentes marcos referenciales y distintas teorías acerca del campo.
Estos grupos, según Hargreaves, desarrollan sus propias creencias acerca de formas de aprendizaje, estrategias de enseñanza y de evaluación, que se tornan en específicas de los mismos. Hace referencia a que los grupos así conformados, tienen “baja permeabilidad”, lo que hace que se aíslen unos de otros. Esto actúa como estructura agotadora y aislante ante el hecho de potenciarlos para instalar cambios institucionales.
Un ejemplo en nuestras instituciones se da a la hora de definir los criterios de evaluación de los aprendizajes. Es en esta situación donde pueden visualizarse los grupos balcanizados ya que cada uno de ellos tiene sus propios criterios, que se sostienen desde la pertenencia y la identificación, sin ponerlos en discusión.
La desbalcanización supondría, como postula claramente Hargreaves, que la identidad de los subgrupos como la pertenencia a ellos, no quede prefijada ni enquistada; que implique afrontar de modo ético los conflictos dados por las luchas de poder, por la categoría y los intereses contrapuestos. Pasa por conformar grupos de trabajo que rompa con los grupos balcanizados para ir construyendo formas de participación que supongan mayores niveles de compromiso. La elaboración del Plan Institucional de Evaluación se convierte así en la gran oportunidad para poner en debate las diferentes posturas y llegar a acuerdos.
Par 4:
De la colaboración limitada a la colaboración para la reestructuración
Esta forma de cultura de trabajo está vinculada con formas de interrelación donde los docentes comparten decisiones y trabajan en equipo, donde se buscan en conjunto soluciones frente a los problemas comunes, acuerdan criterios, etc.
Sin embargo, existen formas colaborativas que no tienen peso tranformador y que por eso se las considera versiones debilitadas o limitadas. Analizar estas formas de colaboración es de suma importancia porque pueden tomarse como el punto de partida para el desarrollo de formas más sólidas y complejas de interacción.
Son formas debilitadas de colaboración: la ayuda y asistencia mutua entre profesores, la colaboración orientada a la inmediatez (limitada al corto plazo), el trabajo en común que queda reducido a la comprensión mutua y la complacencia. Si la colaboración sólo se da de este modo limitado, no es posible que deriven de ella reflexiones que produzcan cambios y mejoras profundas en el accionar de la institución.
El desafío es gestar formas de colaboración que superen las limitaciones mencionadas y se encaminen a producir cambios relevantes dentro de la institución. Es necesario para esto, no desestimar el valor de las formas limitadas de colaboración como condición previa y comprender que se trata de procesos incrementales, es decir, gestados en pasos sucesivos y poco a poco.
A modo de síntesis
Para que la elaboración del Plan Institucional de Evaluación se constituya en un proceso de aprendizaje y crecimiento institucional, es importante instalar progresivamente:
Ä La apertura, en lugar de una actitud defensiva
Ä La colaboración, en lugar del individualismo
Ä La comunidad, en lugar del aislamiento
Ä La autonomía interdependiente y la regulación crítica, en lugar de la dependencia de una dirección externa.
LA NORMATIVA COMO MARCO DE LOS CONSENSOS.
Las cuestiones normativas son sumamente importantes dentro de las instituciones de cualquier tipo y es imposible pensar una institución sin ellas. De hecho, la presencia de normas que regulan su funcionamiento es un elemento constitutivo de las instituciones.
Las construcciones de carácter normativo que normatizan y regulan las instituciones educativas pueden ser leyes, decretos, estatutos, resoluciones y también normas de disciplina, reglamentos de convivencia y acuerdos con otras instituciones. Ellas remiten a cuestiones de índole laboral, organización de las instituciones y de carácter pedagógico didáctico.
Graciela Frigerio y Margarita Poggi[35],expresan que las normas se caracterizan por ser organizadoras, disciplinadoras, estructurales y estructurantes. Sin embargo, es importante no pensar solamente en el orden disciplinador de las mismas, por el contrario, éstas adquieren una gran importancia si se transforman en un medio para abrir a la reflexión, en un espacio para la innovación.
Las normas creadas dentro de cada institución son abundantes y ejercen un efecto tan poderoso sobre las mismas, como las que se escriben fuera de ella. Pasan a formar parte del ordenamiento de deberes y obligaciones con el fin de asignarlos, repartirlos o privarlos, lo que conlleva una regulación del funcionamiento de las relaciones contractuales. Pero es importante señalar que si bien la propia institución elabora normas de aplicación interna, estas no deben apartarse de lo señalado por la norma sino ser una contextualización particular de la norma general. Un ejemplo de esto es el Plan de Evaluación Institucional
Al señalar lo permitido y lo prohibido la norma determina aquello que contará con aprobación y lo distingue de lo que será objeto de sanción. Por ello despierta en los actores institucionales, sentimientos de ambigüedad: es buscada para que proteja y simultáneamente es eludida, es deseada pero también se reniega de su presencia en los momentos en los que el sujeto querría que no existieran límites a sus impulsos.
Sobre la base de prescripciones y de modelos, es posible imaginar a las normas (leyes, reglamentos, prescripciones) como los hilos que conforman una trama, pudiendo ser la misma más cerrada, más aireada o firme y también ofrecer desprolijidades o tener agujeros como cuando se escapa un punto del tejido.
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La norma puede transformarse así en una red que sostiene a los sujetos y los contiene, siendo percibida como protectora. A la vez y en el mismo acto, la red recuerda al sujeto sus límites y por ello puede ser percibida como restrictiva.
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La red conformada por el entrecruzamiento de las normas, sostiene y sujeta, pero también entre hilo e hilo, propone zonas de libertad para los actores, dejando intersticios o espacios para la interpretación, la acción y la creación según el uso que los actores hagan de ella.
Es así que, teniendo en cuenta el uso que las instituciones hacen de esos intersticios, pueden presentarse distintos tipos de instituciones:
Instituciones que ignoran los intersticios: en ellas los cuerpos normativos aparecen como lo más importante y cierran así todo tipo de iniciativa. Son instituciones donde la implementación de la norma es más rígida que la propia letra de la norma: “Más papistas que el Papa”.
Instituciones que usan los intersticios como sede de innovaciones pero con temor: donde la capacidad de inventar se encuentra limitada, las cosas nuevas aparecen en espacios pequeños celosamente controlados. En estas instituciones los cambios se dan en espacios reducidos y no se socializan por lo que pasan a ser inoperantes a nivel institucional.
Instituciones en que los intersticios generan una incertidumbre intolerable: los actores creen que la norma se cumple sólo si se mantiene una relación de punto a punto con la letra de la misma. La norma se cumple “al pié de la letra”. Se evita toda interpretación y los espacios de libertad o poder de decisión son “obturados” por normas internas rígidas o por la “ley de la casa”: ”en este Instituto las cosas se hacen así”.
Instituciones que reconocen en los intersticios espacios de poder y libertad: en estas instituciones se da lugar a los actores a desplegar iniciativas. Las normas, si bien prescriptas, se transforman en continentes que solicitan y autorizan exploraciones varias, dando lugar a diversidad de lecturas. Los intersticios son así utilizados por las organizaciones y los distintos actores para llevar a cabo acciones que pasan a formar parte de las prácticas institucionales. Se “dan permisos” para innovar, en el marco de la normativa: “nos encanta que nos inviten a ser creativos”, “siempre estamos pensando cosas nuevas para hacer”.
Los tipos de cultura institucional y los estilos de desempeño de la gestión facilitan u obstaculizan que los actores se apropien de los intersticios. Es importante reconocer que cada actor social posee un potencial instituyente y toda norma ofrece intersticios para que los actores puedan manifestar su creatividad. Una buena norma puede ofrecer todas las bondades, pero si los actores no vehiculizan las posibilidades explícitas del texto, ésta perderá su capacidad de generar efectos benéficos para el sistema.
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En este sentido, las instituciones pueden hacer uso de los intersticios que ofrece la normativa vigente respecto de la evaluación de los aprendizajes de los alumnos, al momento de elaborar su propio Plan Institucional. También es importante señalar que, cuando se elabora el citado plan, cada institución decide la textura que le dará: cerrada de tal forma que no ofrezca lugar a los aportes individuales o abierta a estos aportes, a la mejora, a la innovación creadora.
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- Etkin, J. y Schvarstein, L.: Identidad de las organizaciones. Buenos Aires, Ed. Paidós, 1994.
- Fernández, Lidia: Instituciones educativas. Dinámicas institucionales en situaciones críticas. Buenos Aires. Paidós, 1994.
- Frigerio, Graciela, Poggi, Margarita: El análisis de la institución educativa. Hilos para tejer proyectos. Buenos Aires, Santillana, 1996.
- Garay, Lucía: Análisis institucional de la educación y sus organizaciones. Córdoba, Centro de Investigación, Facultad de Filosofía y Humanidades, 1994.
- Guiot, Jean M.: Organizaciones sociales y comportamiento. Barcelona, Herder, 1996.
- Hargreaves, Andy: Profesorado, cultura y posmodernidad (Cambian los tiempos, cambia el profesorado). Madrid, Ed. Morata, 1998.
- Litwin, Edith: La evaluación: campo de controversias y paradojas o un nuevo lugar para la buena enseñanza. En Camilloni, Alicia de y otros, La evaluación de los aprendizajes en el debate didáctico contemporáneo. Buenos .Aires, Paidós, 2000.
- Santos Guerra, Miguel Ángel: La evaluación: un proceso de diálogo, comprensión y mejora. Buenos Aires, Magisterio del Río de la Plata, 1996.
- Sirvent, María Teresa: Estilos participativos en educación, ¿sueños o realidades?. En Revista argentina de educación Nº 5, Buenos Aires, febrero, 1998.
- Alvarez Méndez, Juan Manuel Evaluar para conocer, examinar para excluir. Ediciones Morata S.L. Madrid. 2001.
El título del libro plantea con mucha claridad la posición del autor respecto de la evaluación la que debe entenderse como aprendizaje ya que a través de ella adquirimos conocimiento. Se necesita aprender de y con la evaluación, pero si ésta se limita al examen se transforma en un instrumento de discriminación que lleva a la exclusión.
El texto avanza desde un primer capítulo titulado El campo semántico de la evaluación. Más allá de las definiciones, hasta Aprender de los errores. Aprender de las preguntas. Sugerencias para la acción reflexiva y crítica, pasando por temáticas fundamentales y teóricas de la evaluación como son la retórica y la ética de la evaluación y temáticas más prácticas como La evaluación como actividad crítica del conocimiento y Técnicas y recursos de evaluación: la importancia (relativa) de los métodos.
Argumenta que a pesar de la proliferación de terminología poco clara, que no cuestiona la naturaleza y el sentido de la evaluación educativa, las prácticas más comunes en la evaluación del sistema actual del rendimiento educativo han cambiado poco en los últimos años y que las palabras no hacen reforma.
En cuanto a las técnicas y métodos de evaluación, el autor propone cambiar los usos de la evaluación, utilizar los recursos que se pueden aplicar en las condiciones normales (evaluación auténtica) en las que el profesor trabaja, teniendo en cuenta el tiempo y el espacio, pero también el tipo de relaciones que se hayan establecido con los alumnos, con los demás compañeros, con los padres, con las autoridades. La propuesta que el autor hace " es para ser aplicada en las aulas de cada día".
Finalmente, enfatiza la idea que no habrá cambios reales en las formas de evaluar si no se varían las formas en las que se usa la evaluación: de mecanismos de selección a caminos de integración; de instrumento de clasificación a ayuda de diagnóstico para atender necesidades específicas; de forma de control sobre contenidos transmitidos a acto de conocimiento que estimula para nuevos aprendizajes.
- Barbier, Jean Marie. La evaluación en los procesos de formación. Ediciones Paidós. Barcelona.1993.
La obra está dirigida a formadores y educadores y tiene como propósito esclarecer la confusión que existe entre el nivel del discurso y las prácticas evaluativas en sentido estricto.
En ella, podrán encontrar respuesta a cuáles son los objetivos, el funcionamiento y las funciones propias de la evaluación y las distintas formas que pueden adoptar para poder entender, que sólo algunas de las prácticas cotidianas son reconocidas y valoradas como verdaderos procesos evaluativos.
Su lectura, los pondrá en contacto con las nuevas formas de organización y de gestión de trabajo que, por ser éstas progresivas e importantes para la vida social, exigen la aplicación de nuevos instrumentos para el análisis y la evaluación, no sólo de los agentes sino también -y especialmente- de las aplicaciones que dichos agentes implementen.
Tal como lo expresa el autor, no pretender "imponer un modelo de
acción, sino simplemente una lectura de las prácticas educativas, que acabe
clarificando las experiencias propias de formadores y evaluadores".