Interpretación y Sobreinterpretación, la misma cosa.
Luego de leer la serie de conferencias titulada ‘interpretación y sobreinterpretación’ de Humberto Eco y, aunque me hayan quedado bien claros (creo) las ideas que allí se exponen, me propongo hacer una breve crítica o reflexión -como usted quiera- sobre el tema.
Definitivamente la interpretación es indefinida, esto es: cualquier interpretación puede ser válida para un individuo. Ahora, ya que somos sujetos sociales, nuestra interpretación apunta a tratar de comprender y quizás comunicar lo que otro sujeto (el que Eco llama ‘Autor Empírico’) escribió en algún momento de la historia.
Pero, repito, si la interpretación es indefinida –lo cual se menciona en la primera conferencia titulada ‘Interpretación e historia’- cabe la posibilidad de que lo que llamamos sobreinterpretación no sea más que una faceta de lo que llamamos interpretación.
Por ejemplo, Cortazar escribe:
“El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel”
Un lector puede interpretar diferentes intenciones que el autor infundió en el texto.
Muchos pensarían que la siguiente interpretación es, en realidad una sobreinterpretación:
“El texto se refiere a los momentos históricos. El verano es una metáfora de un momento pacifico en el cual las naciones buscan cosas en común y progresan –tan piel contra piel- y el invierno es una metáfora del sórdido clima de guerra y la distancia entre distintas formas de pensar”
Si usted sigue leyendo este cuento, seguramente no adherirá a esta interpretación y sentenciará que la sobreinterpretación es obvia.
Yo prefiero pensar que esto es sólo una interpretación normal. ¿Y por qué no?
Creo que el ‘paranoico’ que busca analogías y semejanzas en todo es un buen interpretante, mientras haya una sociedad de ‘paranoicos’ (aunque sea pequeña) que logre entender lo que el primero interpretó.
Alguien dirá que quien de por válida cualquier tipo de interpretación, hasta la más paupérrima, dará por válida y justificará cualquier acción que un paranoico pueda cometer, a lo que contesto que, personalmente, no doy por válida cualquier interpretación, pero mientras exista una minoría que lo haga, la respetaré aunque no me agrade.
Vuelvo al sujeto social para agregar que, quizás respetando la más loca interpretación, logremos comenzar a respetar a las minorías sociales. Perro sobre esto no diré más porque me inclino demasiado al lado sociológico.
Para terminar –adelanté que sería breve-, quiero agregar que estoy muy de acuerdo con lo que Jonathan Culler propone en su “Defensa de la sobreinterpretación” cuando a los gritos proclama: “Lo que Eco llamó ‘sobreinterpretación’ puede ser en realidad una práctica de hacer aquellas preguntas que no son necesarias para la comunicación normal, pero que nos permiten reflexionar sobre su funcionamiento”
Esta frase me hace pensar que los a veces tan mal vistos y mofados sobreinterpretantes, son los que verdaderamente reflexionaron o pensaron lo que no se les ocurrió a sus abundantes críticos, quiénes quedaron empantanados en la monótona y poco imaginativa interpretación común.
Por último quiero proponer que cada uno reconstruya la intención del texto con los materiales de los que disponga y deje de comprar los aburridos ‘ladrillos huecos’ que pretenden venderle. (Advertencia: se corre siempre el riesgo de que el primer refutador que aparezca le tire el rancho abajo -pero no tenga miedo-)
NOTA: Si uno es estudiante siempre conviene adherir a la posible sobreinterpretación del profesor de turno, por más que éste le resulte un ‘paranoico’ (un saludo a los queridos profesores)
Martín Calatayud
3° Lengua y Literatura
2005-04-17
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